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miércoles, 11 de julio de 2018

Lo abanderado del foie


Un hombre cualquiera nota la suave brisa que hace vibrar a la tricolor francesa, instalada por el 14 de julio en el estanco de La Estafeta.

La familia política francesa acudía a sus primeros sanfermines. Margot y Fermín les habían enviado meses atrás un paquete que les anunciaba el viaje a Pamplona. El pack se llamaba Franceses Osados por Invadir España (FOIE) e incluía: un despertador para los madrugones de los encierros, una pequeña colección de conservas navarras, los billetes de avión y, por su puesto, un pañuelo rojo para cada uno.

Sin darse cuenta la semana voló hasta convertirse en recuerdos. Después de varios brindis con sangría, alguna siesta viendo el Tour y con algunas agujetas de tanto baile. Y así la semana tocó a su fin el 14 de julio. Toda la familia ataviada con sus pañuelos y sus velas acudieron a la Plaza del Ayuntamiento para entonar el "Pobre de mi". Además, los turistas galos pusieron el toque de color con los colores de su bandera pintándoles las mejillas; en vísperas de la final del Mundial de fútbol.

Y así un hombre cualquiera pierde la referencia de la brisa cuando arrían la bandera y el cartel de las fiestas de San Fermín.


¿Y qué ocurrió otros 14 de julio? 
Lo tratado del corazón
Lo embarazoso de la frontera

domingo, 24 de junio de 2018

Lo honrado de los caídos

Un hombre cualquiera lee atónito la noticia de la exhumación de los restos de Francisco Franco.

La Mandrágora compuso "Adivina, adivinanza" para narrar el esperado entierro del dictador. Aquella canción enumeraba una infinita lista de asistentes a las exequias fúnebres desde la primera fila del cortejo a los que acudieron del más allá. En la seriedad de los rostros se intuía el final. No se enterraba a un hombre, con independencia de sus inhumanos actos, sino que se acompañaba a un régimen camino del infierno.

Los simbólicos monumentos, que los dictadores consagraron a perpetuar en la historia su imagen de inhumanos, no deben caer en el olvido. Así, el Valle de los Caídos representa la monstruosidad del franquismo. Un osario de héroes y de enemigos que proyectan el mortifico vacío de una guerra fratricida, amparada por la unción católica, la inversión comercial y el paso marcial. 

Y así un hombre cualquiera espera que el Valle de los Caídos se reconvierta para el honor de todos los que cayeron, incluso a los que tiraron a las cunetas.