UN HOMBRE CUALQUIERA

UN HOMBRE CUALQUIERA

miércoles, 16 de agosto de 2017

Lo imperecedero de los nudos




Un hombre cualquiera advierte de la pérdida del sentido común, cuando el locutor de radio sentencia: "Este país está de psiquiátrico".

La sombra de la cruz del Valle de los Caídos es, más que alargada, eternamente oscura. Una oscuridad que tiznó el interior de los nudos que procuraron dejar todo "atado y bien atado". Pero la esperada putrefacción de la cuerda parece ser imperecedera y el ancla del Azor sigue amarrándose fuertemente a las negruzcas profundidades. Allí donde la amnesia de la transición se encalló y que hoy,  mejor tarde que nunca, necesita del diván de Freud para buscar un diagnóstico a los egocéntricos trastornos mentales.

El urgente consejo médico del locutor vino auspiciado por los titulares que avivan las ascuas del belicismo. Asombrados, cada día, nos despertamos con ridículas peticiones de borrado de poetas de las placas de las calles; o, afirmaciones rimbombantes de que el dictador no mandó asesinar a ninguna persona desde su despacho del Pardo; que fue la justicia, dicen. Llegados a estas alturas, ya deberíamos de saber que tergiversar o borrar la historia nos hunde más, profundamente, en un degenerativo alzheimer sin retorno y abocado al más absoluto de los olvidos.

Y así un hombre cualquiera pone la radio en la ventana para que el eco de las ondas propicie el izado del ancla.

viernes, 11 de agosto de 2017

Lo cinematográfico de la ciencia

Un hombre cualquiera acude al autocine para disfrutar del séptimo arte en descapotable y con versión original.

"No cuente nuestro final, es el único que tenemos", fue como se promocionó la mítica película de Psicosis. De esta forma, Hitchcock advirtió la importancia de los spoilers para seguir llenando las butacas frente al invento de Lumiere. Y, además, asegurarse la financiación por las productos de tinte rubio para sus actrices, que tanto lucen en la gran pantalla.

Además, el cine ha descubierto la ciencia que nutre la imaginación para soñar, la ciencia ficción. Una de sus principales herramientas son las máquinas del tiempo. Aún se han quedado al otro lado de la pantalla y, por ello, el único tiempo que podemos cambiar es el presente. La inexistencia real de viajes en el tiempo, no deben obviar la importante moraleja sobre el tiempo. Aquella moraleja que se vislumbraba cuando la arapienta bruja de Big Fish te decía el momento exacto de la muerte. Esa moraleja que el eslogan de Psicosis también contenía. Saber como acaba, nos descubre todo el guión.

Y así un hombre cualquiera disfruta de los segundos de negro tras el The End, mientras los fotogramas se archivan en la Filmoteca de nuestros recuerdos.