UN HOMBRE CUALQUIERA

UN HOMBRE CUALQUIERA

martes, 17 de octubre de 2017

Lo corrupto de las llamas



Un hombre cualquiera sabe a ciencia cierta que la mecha del pirómano es tan negra como el dinero con el que le financian la gasolina los corruptos.

A pesar de las cenizas, del humo y de los oscuros intereses hay que negar la pena, la pesadumbre y la impotencia de uno de los pueblos más valerosos con los que he convivido. Resurgirán de las cenizas del Fénix para reverdecer sus montes, emblanquecer las fachadas ahumadas y ponerle buena cara al mal tiempo (más necesario que nunca). Ciertamente, el baluarte de su grandeza reside en sí mismos y en la fortaleza conseguida por las mil batallas que han librado, sin atisbar nunca el final de la guerra. De hecho, cada vez que una negra sombra les asombra los gallegos se crecen para combatir al enemigo y defenderse contra viento, fuego y marea. 

Muchas han sido las sombras y las luchas: los ennegrecidos naufragios que tintaron playas, rocas y hasta el orgullo; los descarrilamientos de vidas hacia la bendición del Apóstol; o, la foracidad de las llamas a pulmón abierto; ninguna batalla, absolutamente ninguna, ha podido empequeñecer a los rumorosos de Breogán bajo la plácida luna. Como siempre, después del caos, deberán batallar, nuevamente, contra los ignorantes, los salvajes y los imbéciles; aquellos que no entienden que el monte es un patrimonio inviolable ante el fuego, ante los intereses económicos y, sobre todo, ante las artimañas legislativas de los diputados y gobiernos sin visión de futuro. Un futuro oculto tras los fajos de billetes de la mesa de sus despachos, tras la usura de su inmoralidad y tras sus cuentas corrientes con números negros como el tizón. Ojalá que el humo les nuble los sueños y sus pesadillas se vean nítidas por la claridad del infernal fuego que han provocado. 

Y así, un hombre cualquiera espera que, pronto, las lluvias y las lágrimas derramadas provean de vida a lo que nunca tuvo que ser pastos de las llamas.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Lo sensato de lo común


Un hombre cualquiera se plantea un problema de matemáticas: "si un tren sale de Barcelona a las 9:00 y otro de Madrid a la misma hora, ¿Dónde se produce el choque con tanta niebla?"

4 de diciembre de 1952, Londres. La ciudad del Támesis sufre un crónico ataque de smog, que provoca el malestar hasta de su majestad la reina Isabel. La combustión del carbón, la expulsión de altas dosis de dióxido de carbono y la lluvia ácida provocaron una situación límite junto con las inclemencias metereológicas. El grado de contaminación era tan elevado que se extendía a más de 30 kilómetros a la redonda. Se tardó siglos en solucionarlo y hasta Sherlock Holmes tuvo que encerrarse a cal y canto en el 221b de Baker Street. Al final se optó por liberar a la ciudad de la plaga bíblica con políticas medioambientales y de salud pública.

1 de octubre de 2017, Barcelona. La ciudad condal sufre una crónica visibilidad internacional, que provoca malestar a diestro y siniestro desde Canaletas hasta Buckingham Palace. La combustión de las locomotoras de la estación de Sants y de Atocha, las altas dosis de inquina por las declaraciones de unos y otros  y la lluvia mediática provoca una situación límite junto al cabreo monumental por la dejadez ante la corrupción y las políticas públicas. El grado de contaminación política es tan elevado que se extiende por la A-2 entre las garras de los leones del Congreso y el despacho del 'Molt Honorable'. Se tarda poco en sentar las bases del diálogo. Basta con sacar a Don Quijote de su ensoñación bajo el tricornio para que vea que los gigantes son castellers con fajín y barretina intentando superar la niebla. Al final sólo se puede optar por la puesta en marcha del diálogo político para resolver la "Res pública". 

Y así un hombre cualquiera resuelve el problema midiendo el combustible necesario para que los trenes alcancen la sensatez de los lugares comunes donde nunca hay niebla.