miércoles, 31 de diciembre de 2025

Lo premonitorio de las uvas

Un hombre cualquiera prepara las uvas en un cuenco para tenerlo listo en la medianoche.

El reflejo del cristal le devuelve una icónica imagen de cada mes que deposita. En la cinéfila premonición que se proyecta con cada fruto van apareciendo caras conocidas y futuros rostros familiares, que ahora son totalmente desconocidos. Aparecen hogares de siempre y lugares donde ahora solo hay dragones. Hay maletas recién hechas, comidas humeantes sobre la encimera y soleados horizontes iluminando el camino. Alguna uva se resiste y entonces aparecen lágrimas, ceños fruncidos y abrazos reconfortantes.

Presente, Susana Paredes

Un rayo de sol crea una ansiotropia al adentrarse furtivo por la ventana la luz del invierno. Un veraniego calor ilumina las manos al llegar a junio. Las imágenes huelen a cerezas, se colorean de carmesí y las velas encienden los recuerdos. Las siguientes uvas chapotean entre playas, piscinas y ríos… antes que el olor a libros recién comprados, el sonido de la cremallera de la mochila y los reencuentros con los amigos alcancen el calendario. Las última uvas se escapan de los dedos casi sin darnos cuenta. Cómo hojas secas cayendo de los árboles, como castañas percutiendo en el tambor y, sin darnos cuenta, las calles vuelven encenderse de luces y adornos.

Y así un hombre cualquiera se aferra al presente por vivir un ¡Feliz 2026!

jueves, 25 de diciembre de 2025

Lo soñado de los encargos

Un hombre cualquiera se despierta en mitad de la madrugada tras un sueño que olvidó nada más abrir los ojos…

Al salir de la habitación nota una abrigada sensación y un peso acolchado sobre el hombro. Al llegar a mitad del pasillo, el espejo le devuelve un mágico reflejo. ¡Sorpresa! La lamparita de tortuga de Tiffany le ilumina en mitad de la oscuridad. A este lado del espejo, no está el Sombrerero Loco, sino el mismísimo Papá Noel. El mismo que viste y calza y destaca por su barba. Al hombro los regalos perfectamente envueltos y con su etiqueta a nombre del receptor.


Laponia, un hombre cualquiera

Una luz tenue marca el camino de baldosas de madera del parqué hasta el salón. La luminosidad del árbol va creciendo a medida que los pasos van acercándose. De hecho la magia impregna todo lo que toca, incluso la tablilla que traquetea en el suelo no resuena al pisarla. A los pies de las zapatillas, la huella de los regalos van marcando los recuerdos que quedarán en la memoria a partir del amanecer. Tras realizar la labor encomendada, un pequeño descanso en el sofá y un avituallamiento de leche y polvorones. De devuelta a la cama, el pijama ha vuelto a vestirle y la barba deja de blanquear (tanto). Al cerrar la puerta de la habitación la oscuridad aguarda la sorpresa hasta el amanecer, como el papel de envolver esconde a los regalos.

Y así un hombre cualquiera recupera el sueño olvidado en aquel taller de juguetes de Laponia.