jueves, 25 de diciembre de 2025

Lo soñado de los encargos

Un hombre cualquiera se despierta en mitad de la madrugada tras un sueño que olvidó nada más abrir los ojos…

Al salir de la habitación nota una abrigada sensación y un peso acolchado sobre el hombro. Al llegar a mitad del pasillo, el espejo le devuelve un mágico reflejo. ¡Sorpresa! La lamparita de tortuga de Tiffany le ilumina en mitad de la oscuridad. A este lado del espejo, no está el Sombrerero Loco, sino el mismísimo Papá Noel. El mismo que viste y calza y destaca por su barba. Al hombro los regalos perfectamente envueltos y con su etiqueta a nombre del receptor.


Laponia, un hombre cualquiera

Una luz tenue marca el camino de baldosas de madera del parqué hasta el salón. La luminosidad del árbol va creciendo a medida que los pasos van acercándose. De hecho la magia impregna todo lo que toca, incluso la tablilla que traquetea en el suelo no resuena al pisarla. A los pies de las zapatillas, la huella de los regalos van marcando los recuerdos que quedarán en la memoria a partir del amanecer. Tras realizar la labor encomendada, un pequeño descanso en el sofá y un avituallamiento de leche y polvorones. De devuelta a la cama, el pijama ha vuelto a vestirle y la barba deja de blanquear (tanto). Al cerrar la puerta de la habitación la oscuridad aguarda la sorpresa hasta el amanecer, como el papel de envolver esconde a los regalos.

Y así un hombre cualquiera recupera el sueño olvidado en aquel taller de juguetes de Laponia.

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