martes, 31 de diciembre de 2024

Lo continuado de las funciones

Un hombre cualquiera, a falta de máquina del tiempo, se impulsa en la taquilla para subirse a la butaca.

El encarnado terciopelo le acaricia con el vivaracho cosquilleo de sus tejidas emociones, que se ponen a flor de piel desde las profundidades de las entrañas. La lenta agonía de los filamentos traslada la realidad al mundo onírico. Entonces, la oscuridad asombra al patio de butacas y se engrandece hasta la última cresta del gallinero. Casi sin tiempo, los minuteros y segunderos pierden el norte y la cordura. A cambio, la locura emana de los focos y la imaginación germina sobre las tablas. El aquí y ahora son relativos cuando ella pasea de las bambalinas hacia el espejismo de la cuarta pared.

Ella es capaz de acalorar un descampado en Siberia con el contoneo de su presencia. Y, en décimas de segundo, su fría maestría con los hilos del destino puede helar la sangre y el alma de cualquiera que le vacile sin sentido. Y al quedarse en combinación, el rojizo de las bombillas, convierte el mediodía en medianoche. O puede, si lo desea, alumbrar con su descarado escote un amanecer de diario con sabor a domingo. El despertar del respetable público por el aumento de la intensidad lumínica se convierte en realidad sobre la acolchada ficción. Y de mano en mano, un maná de contadas esmeraldas se reparte, mientras un improvisado carrillón hace de telonero a los cuartos y las afortunadas campanadas. Y tras las felicitaciones… la función debe continuar.

Y así un hombre cualquiera vive nuevas vidas sin abandonar sus sístoles y diástoles para conseguir un ¡Feliz 2025!

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Lo enfermizo de la suerte

Un hombre cualquiera sufre una arritmia al descubrirse diezmado con el resultado del Sorteo de Navidad.

El repetitivo cántico en sí mayor de los niños de San Ildefonso se propaga entre cuerdas de ropa, aromas a presión y vacaciones dominicales. El repiqueteo de las bolas de boj se antoja festivo, como los explosivos vuelos de las palomitas en la sartén. Y, en mitad del tradicional hilo radiofónico, la narración se excita con un calmado silencio inicial. Al momento, la tormenta de aplausos y vítores dejan entender el premio de cuatro millones de euros.

La alarma le hizo despertar de la adormilada jornada dominical. Entonces, lo oído se convirtió en escuchado en la segunda repetición. Una satisfactoria sensación le reconfortó. Una poética serie de números le encajaba para un futuro perfecto en verso endecasílabo asonante. Y con los ojos abiertos de par en par, los sueños se presentan más alcanzables y reales. De hecho, los nervios y la ilusión sobrepasaban el umbral de la consciencia ante la posesión del premio y, al mismo tiempo, el macabro juego al escondite entre bolsillos, cajones y carpetas. Y lo peor ocurrió. El desconcertado desenlace se despertó sobre una fría escena empapada de desilusión y desdicha.

Y así un hombre cualquiera celebra su maltrecha salud de hierro para seguir sin oxidarse otro 22 de diciembre.

viernes, 6 de diciembre de 2024

Lo veraniego de noviembre

Un hombre cualquiera hereda un reloj de cuerda para no perderse en la fugacidad del tiempo.

Un extraño calor sorprende a los termómetros y a la ropa de abrigo en las postrimerías de noviembre. Una última noche de verano antes de la eterna hibernación. La calma se ambienta con la rítmica estridulación de los grillos y los párpados se abaten para viajar a un patio reverdecido por frutales y plantas. Las bombillas apagadas del hogar encienden las constelaciones para humanizar la inmensidad y conversar en la intimidad de la oscuridad. Junto a la pared, la bicicleta descansa de pedalear a nuevos horizontes entre campos de cebada, trigo y maíz. Viajes efímeros, siempre con la brújula señalando al corazón para nunca perderse.

Un caminar lento y sin prisa se descubre ante la curiosidad de la linterna. Un sapo, en busca de la humedad de la manguera sobre el carretillo, recuerda que el huerto está empapado, al menos por unos días contra el sofocante calor. Allí se encuentran los huérfanos surcos de los ajos que emigraron por San Pedro. Las estrelladas flores de las tomateras que auguran nuevos frutos. Y el verde de las berzas que se convierten en paradisíacas palmeras para los caracoles. Sin duda, aquel trozo de tierra es el orgullo del labrador, que lo admira apoyado sobre la azada. La satisfacción por haber sobrevivido en mitad de una guerra y por haber alcanzado una pacífica vida cultivada por el amor de sus manos.

Y así un hombre cualquiera nunca le dará cuerda al reloj para intentar engañar al paso del tiempo.

jueves, 31 de octubre de 2024

Lo místico de las sospechas

Un hombre cualquiera se pierde por las calles del centro, atestadas de vampiros, brujas, esqueletos y fantasmas.

Las figuras terroríficas invaden las calles y es fácil confundir realidad y ficción. Los grupos de jóvenes ensangrentados de rostros pálidos se mezclan con familias con bolsas llenas de caramelos y adorables señoras cuyas mascotas llevan algún complemento de Halloween. En medio del tumulto destaca un hombre de edad indeterminada, de estatura media, barba espesa y mirada perdida. No parece llevar ningún rumbo, sino que su brújula sigue el norte de sus corazonadas. Sus ropas no definen un personaje reconocible. Lleva jubón rojizo, capa negra, gorguera plegada, calzas oscuras y botas con borcegui. Lo más curioso, aparte de su vestimenta, es el halo polvoriento de su cabellera y de sus ropajes por doquier.

Las campanadas de la medianoche resuenan por celdas, callejuelas y balcones, justo cuando el personaje alcanza la plazuela de la iglesia. Un rumor de conversaciones le pone en alerta y se resguarda entre las sombras y los resquicios de las puertas. Su sigilosa actitud no revela miedo, sino cálculo depredador. A la luz del tungsteno de las farolas varias decenas de hábitos forman una austera fila de monjas, quizá novicias por sus delgadas figuras y sus estilizados rostros, que esperan pecaminosamente el veredicto de las fatuas sotanas. Dentro el aroma a incienso y el ardiente haz de las velas otorgan misticismo a la búsqueda que dirige el cariacontecido cardenal. A escasos centímetros de sus pulcros mocasines la tierra humedecida ensucia las baldosas y profana la lápida. Tras el revelador silencio, las miradas confirman las sospechas. Lo que la literatura decía era cierto y el dueño de la lápida, ahora vacía, recobra la vitalidad de sus latidos y la sensibilidad de sus sentidos por una noche. Al instante, un alboroto de gritos se cuela en el templo con lo estremecedor de un carnal escalofrío. Afuera un huracanado viento arremolina a las curiosas que esperaban a la intemperie y que propicia la furtiva huida de una nerviosa Inés entre los brazos de su Don Juan.

Y así un hombre cualquiera se enfunda en la oscuridad de la noche con un oportuno antifaz colgado de la reja del convento.

lunes, 28 de octubre de 2024

Lo inconfundible de los extraordinarios

Un hombre cualquiera tiene la innata capacidad de toparse con humanos extraordinarios y hombres inconfundibles entre lo glorioso de los pórticos y lo festivo de Rovachol.

La búsqueda de la felicidad nos embarca en viajes sin mapa ni brújula. En ocasiones cambian la vida y en otras son un nuevo peldaño para observar nuevos horizontes. Sin duda, el viajero céltico ha rellenado su cuaderno de bitácora con cada destino que ha conquistado. Él viajó a Praga con la premisa de brindar con copas de cristales de Bohemia. Él viajó a Salamanca con la premisa de inmortalizarse en los medallones labrados por la Historia. Él viajó a Granada con la premisa de alcanzar lo estrellado de la Alhambra. Él viajó a Compostela con la premisa de descubrir los caminos que llevan hasta el fin del mundo. Él viajó a Nueva York para subirse a la azotea de la gran manzana y acariciar lo endiosado de los cielos con las yemas de los dedos. Él viajó a la tierra de los conquistadores para enamorarse de los latidos que se conjugan en futuro plural.

Pero él siempre volvió de sus incursiones a la tierra que se baña con lo vital del mar, a la tierra que se amarra con las raíces genealógicas y a la tierra que se cimenta con lo abrigado del hogar. Allí, en la boa vila, disfruta de la vida. Allí, las anécdotas surfean el giste de las copas para iluminar las sonrisas a la luz de las estrellas. Allí, las gradas se colorean de celeste para santificar los goles que bendice la Rianxeira. Allí, el cielo recuerda la finitud del tiempo y que todo pasa, pero todo queda. Allí, la franqueza se compra en las ferias, la suerte se adquiere en las herraduras y la heroicidad se talla en los teucros. Allí, el futuro crece entre abrazos, aprendizajes y experiencias vitales.

Y así un hombre cualquiera planea volver al lugar donde se encuentra la felicidad que caracteriza a lo inconfundible de los extraordinarios.


Y aquí se reúne lo inconfundible de los extraordinarios:

El mafioso polaco

El tertuliano de las antípodas

El buenhumorado sureño

El arquitecto de utopías

El sosegado rebelde

El dueño del bigote

El fan de los festivales

El compositor de los vuelos

El coleccionista de cómics 

El mañoso baturro

El concienciado rebelde





sábado, 12 de octubre de 2024

Lo disfrutado de los viajes

 Un hombre cualquiera asciende por el helio del globo aerostático para encontrar los caminos que dirigen a lo celebrado del calendario en octubre.

Algunas vueltas al mundo no solo duran 80 días, algunas vueltas no necesitan de escalas en Bombay, Hawai, Tijuana y Singapour. Tampoco necesitan de sellos en los pasaportes, porque las constelaciones tatuadas y las estrellas fugaces de Bagdad guían con la fiabilidad de una brújula. Y así las vivencias revolotean por siempre en los cuadernos de bitácora con la inconfundible estela de los pájaros rojos y los pentagramas de canciones desconocidas de los Beatles. Y, de repente, el brillo de la mirada se colorea por un manojo de globos que pintan recuerdos y anécdotas por transmitir al futuro.

Superando el vértigo, que te enseñan las horas de vuelo, la otoñada se descubre a cientos de pies sobre el suelo a bordo de un plegado avión de papel. En lo alto, junto a Bowie y Lennon, la grandeza se encuentra en los pequeños detalles. Allí abajo un desvergonzado 600 surca las postales en busca de la felicidad vivida, que se planea a ras de suelo entre los pliegues de los mapas. Y no importa el destino si los atardeceres se pintan de carmesí y las noches se duermen junto a la soñadora en pijama.

Y así un hombre cualquiera toma tierra, como cada 12 de octubre, para seguir disfrutando de la felicidad.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Lo volátil de los héroes

Un hombre cualquiera acude a una sucursal bancaria en una particular busca del tesoro ante la muerte anunciada de estos locales de crédito.

Las mesas de los banqueros se disponen alrededor con dos sillas para el público, un bolígrafo amarrado con una cuerdecilla y un fluorescente colgado a la altura exacta para alumbrar lo volátil de los billetes y lo terrorífico de los números rojos. El día corría sin prisa y sin incidentes. Algún jubilado para revisar sus ahorros, la dependienta de la panadería en busca de cambio y el administrativo de la gestoría para conseguir unos extractos de las comunidades de vecinos. Lo normal.

Al otro lado de la puerta acristalada acudió el siguiente cliente. Allí se plantó con sus apretados pantalones azules, a juego con su elástica de manga larga. También de color azul. Sobre el pecho aparecía algún tipo de logotipo. Y la brisa de la mañana le daba un aire épico al blandir su enrojecida capa, en el mismo color que su slip amarrado por encima del pantalón. Obviamente, al entrar llamó la atención de todos los presentes, pero todos volvieron a sus quehaceres. El vigilante de ausente cabellera y vestimenta oscura le señaló su acreditación para demostrarle que no era Lex Luthor con una sonrisa cómplice. Y el supuesto héroe se acercó a la ventanilla con su DNI para sacar un par de billetes de veinte euros. Y abandonó sin pena ni gloria la sucursal. Un par de locales más allá, el hombre disfrazado repartía publicidad de un nuevo gimnasio para súper hombres.

Y así un hombre cualquiera sufre la desilusión de presenciar como Superman no combate los intereses, los plazos fijos y las mega fusiones de la banca.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Lo elegante del bombín

Un hombre cualquiera se encuentra un bombín, prácticamente de estreno, en la puerta de su casa.

La sorpresa del sombrero le asombró sobremanera y sus sienes comenzaron a maquinar elegantes historias. Un bombín para lucir como un hombre de traje gris al que nunca le roben el mes de abril. Un bombín para convertise en un crápula de los que viven 19 días y 500 noches. Un bombín a juego con un parche en el ojo, con cara de malo. El bombín de un viejo truhán, el capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera. Un bombín para degustar un dulce tiramisú de limón con helado de aguardiente.


O, quizás un bombín para incluirle una pluma de indio okupa para acampar con su bandera en la ribera del pupas. Un bombín para declarar que lo niego todo, incluso la verdad. Un bombín para resolver el caso de la rubia platino. Un bombín para firmar un pacto entre caballeros. Y, sin duda, un bombín para que todas las noches sean noches de boda y que el fin del mundo nos pille bailando.


Y así un hombre cualquiera se coloca el bombín sobre la oreja, a modo de concha, para escuchar el amar de la Ría de Pontevedra.

domingo, 8 de septiembre de 2024

Lo berciano de los dichos

Un hombre cualquiera se despierta sin prisa por lo festivo del calendario.


Al abrir la ventana, la frescura invade las estancias. El mercurio se agazapa en las profundidades del bulbo, el azul se encapota por altos cirros y estratos y los andenes de las veredas se empapan con las lágrimas del rocío. El verano se esconde entre los huidizos racimos de Mencía y Godello. Al ver la calle, el bullicio invade la tranquilidad. Los banderines se guindan en sus colores, el dulce se percibe por azucarados algodones y garrapiñados y los ritmos de los espigados gigantes se acompasan con los de los achaparrados cabezudos. El verano se resguarda entre los tradicionales ropajes con jubón y anguarina. 


El campillín del Sil, un hombre cualquiera 


Al sentir el hambre, la sinfónica cocina resuena sobre los fogones. El botillo aromatiza por lo rojizo del pimentón, la androlla perfuma por lo ahumado de su adobo y las castañas se hornean con el modelado de la tarta. El verano se evapora entre los humeantes recetarios con sabor a otoño. Al colorear el paisaje, la otoñada destiñe las postales. La cruz de Peñalba se iza en lo alto de los mástiles, el dorado de las Médulas adorna las joyas y las manecillas del tiempo y lo rubescente del aspa templaria protege el peregrinado perdón de propios y extraños. El verano se agota entre las tintadas despedidas festivas y las inevitables rutinas descoloridas.


Y así un hombre cualquiera entona el final del verano con un rotundo grito berciano: “tras la encina, el invierno está encima.”

domingo, 1 de septiembre de 2024

Capítulo XVII: Lo inconfundible de las extraordinarias

Un hombre cualquiera se encuentra con humanas extraordinarias y mujeres inconfundibles entre las pinceladas de Antonio López y las marcas de cantero de Cáceres. 

Los recuerdos son las selecciones inconscientes de la ambrosía que rellena lo que, de verdad, importa en la vida. Quizá, por ello, la fotógrafa de canciones retrata los detalles que componen lo metódico del pentagrama. Quizá, por eso, percute los matices que reflejan lo voluntarioso de las sonrisas. O, quizá, por esto, el color de las canciones tiñe las sentidas emociones y colorea los emocionados sentidos, como una crónica periodística de las que erizan los latidos.

Sus labios escriben a fuego lento extremeños versos para no quedarse nunca en Stand by. Sus pasos alcanzan la estación de partida con su bolso de piel marrón, sus zapatos de tacón y su vestido de domingo. Su pelo alborotado se mueve al ritmo de las canciones en inglés que baila sobre medias de colores. Su sonrisa ilumina más que los rayos del alba, que entran por el balcón para encender su corazón de mimbre. Sus sueños seleccionan recuerdos de aquí p'allá con los que, de verdad, comparten sus días. Sus manos llenan las maletas con mil maneras de perder la cabeza al subir la marea. Y sus virtudes se encuentran en un mapa de sentimientos para apreciar que no estamos muertos.

Y así un hombre cualquiera se convierte en un melómano con la guía de bandas sonoras para disfrutar de la vida de la fotógrafa de canciones. 


¿Recuerda más extraordinarias inconfundibles?


Capítulo I: Fílmica norteña

Capítulo II: Mecenas del Quijote

Capítulo III: Forzuda equilibrista 

Capítulo IV: Alumbrante de historias 

Capítulo V: Soñadora en pijama

Capítulo VI: Aventurera de las siestas

Capítulo VII: Irónica politóloga

Capítulo VIII: Conversadora berciana

Capítulo IX: Sonriente comunicóloga

Capítulo X: Teniente con rizzo

Capítulo XI: mademoiselle del vestido burdeos.

Capítulo XII: Embajadora de la city

Capítulo XIII: Narradora de vivencias

Capítulo XIV: Guerrera de los Ancares

Capitulo XV: Venerable camarada 

Capítulo XVI: Intérprete del Cueto

domingo, 25 de agosto de 2024

Lo mundano de las conexiones

Un hombre cualquiera recostado sobre la toalla observa la estela de un avión que surca el azul rumbo al sur.

La cabina climatizada le resguarda de la fiebre veraniega, incluso va con la americana puesta por el intenso aire acondicionado. El mandatario ojea el periódico sobre la apertura de la Villa Olímpica para los primeros deportistas del equipo de rugby paralímpico. El capitán del equipo a batir sube a su Instagram una foto a la entrada entre las banderas y con el logo de París 2024 al fondo. Y, además, añade a su perfil una cuenta atrás para la ceremonia de apertura. El mismo reloj que le copia un padre de Ottawa. De hecho, lo ha puesto en el salón para enseñarle, durante los quince días de competición, a su hijo que su discapacidad es una meta a superar. Desde el exterior, el jardinero hondureño le manda un audio a su prima sobre la estampa de amor paternal que ha presenciado.


Al otro lado del WhatsApp, en Tegucigalpa, su familiar recibe el mensaje al conectarse al wifi del hotel, donde trabaja los domingos. Seis mil kilómetros que desaparecen por el mensaje de ánimo ante su deseada maternidad y la poquedad de su cuenta corriente. Cada propina la atesora con ahínco junto a su bolsita de costura. De camino a casa en el autobús se dedica a tejer patucos para su retoño, a partir del tutorial de Youtube de una abuelita británica. La misma que con los pingües beneficios de sus videos online de ovillos, agujas y patrones se costea sus clases de surf en la playa de Rodiles. Y que acaba de clavar la tabla a escasos dos metros de un hombre cualquiera.


Y así un hombre cualquiera se va de camino a la casa rural para disfrutar de un afuega’l pitu con un pan de la Portalina de Villaviciosa y disfrutar de una sesión de cine con Babel de González Iñarritu.


domingo, 18 de agosto de 2024

Lo reluciente del agua

Un hombre cualquiera aprovecha el calmado instante tras la tormenta.

El sueño de una siesta de verano de la pequeña Anne le desperezó sedienta y empapada. ¡Menuda paradoja! Así que se deshizo de su camiseta y se fue al grifo de la cocina. Descalza y algo somnolienta consiguió acercar la silla a la pila y escalar hasta aquel manantial artificial. Desde su perspectiva, el grifo quedaba alineado con la montaña, que se veía a través de la ventana. Sonrió al recordar que su abuelo le había explicado que el agua venía de allí. Pero allá, en la montaña, las nubes oscuras impiden ver el horizonte. Rápida y sin perder tiempo llenó su vaso por miedo a que la oscuridad agotara el agua. De repente un húmedo aroma empezó a invadirlo todo. Era la calma antes de la tormenta. Era el aviso antes de las turbulencias. Era el petricor que acababa de descubrir, aunque aún tardaría varios años en conocer ese concepto.


Enmarcada, Carol Díez Once

Aquel aroma embriagó a Anne hasta que unos rugidos y alaridos le sacaron de su éxtasis. Los mismos que cada noche salían de su armario, pero tras acercarse a su habitación descubrió que no provenían de alli. Los monstruos estaban fuera sobre las nubes. Entonces, la pequeña aprovechó para cerrar las ventanas para no dejarles entrar. Sus rugidos y alaridos metálicos atronaban todo el valle y aunque le infundían respeto, ya no le asustarían por las noches. Sus rayos y centellas dejaron de impresionarle, incluso le acabaron gustando como una especie de fuegos artificiales. Al otro lado de los cristales las primeras gotas salpicaron el alféizar y en unos segundos una cortina de agua lo mojó absolutamente todo. En un parpadeo las precipitaciones se frenaron, la tormenta se calmó y las nubes se disiparon. El sol devolvió la luz y lo reluciente del agua mostró una realidad nueva, limpia y colorida. El arco iris enmarcó la superación de Anne. Perdió algo de su inocencia, pero ganó valentía para enfrentarse a los monstruos imaginarios y, también, a los de carne y hueso..

Y así un hombre cualquiera descubre que los reflejos colorean la oscuridad.

domingo, 11 de agosto de 2024

Lo milagroso del celuloide

Un hombre cualquiera encuentra un banco  a la sombra para descansar en las postrimerías de la Calle Alcalá.

La mañana del domingo huele a café, churros y tostadas desde la barra del Nebraska. Los aromas se entremezclan con el ir y venir de los desayunos de propios y turistas. Y en el kiosko de enfrente las noticias se venden al peso y la sed se raciona por un par de euros el litro. La extraordinaria cotidianidad dominical se desarrolla ajena a la eterna carrera que se compite sobre el azul de Madrid. La misma que se proyecta sobre la pantalla de la acera con un clásico, una de romanos. Una escena congelada en pleno verano.   


'Una de romanos', M.G.L.


El increscendo de los decibelios callejeros esconde las pequeñas historias que conforman el todo. Un joven desaliñado pierde ante la gravedad y su ejemplar de los Santos Inocentes choca contra el suelo. La onomatopeya resuena con un cortante sonido de claqueta. ¡Acción! A la salida del bar, una pareja de amantes de provincias apuran su escapada a la capital, disimulada con un falsificado “viaje” de trabajo. Se cruzan con una maestra, en pleno proceso de asimilación de su nueva vida de jubilada, ensimismada dentro de una guía de viajes. De hecho, la brisa abanica las hojas hasta llegar a la página de Zugarramurdi. Tras ellos, la escoba del barrendero deja paso a un hombre canoso y encorbatado de camino al Prado. Los nervios le aprietan el paso para llegar a su cita a ciegas frente al retrato de la condesa de Chinchón, que hará las veces de Celestina. Y a doce metros sobre sus almas, Julia porta una maleta con 300 millones de pesetas. Su huída se enmarca en el punto de mira de la escopeta de Ramona; justo antes de precipitarse sobre la eternidad cinematográfica del celuloide. A ras del suelo comienza a sonar su réquiem, que lo ejecuta con maestría un payaso hasta convertirlo en una balada triste de trompeta. ¡Corten!


Y así un hombre cualquiera se vuelve a casa para resucitar con el milagro del Blu-ray a la inolvidable Terele Pávez.

domingo, 4 de agosto de 2024

Lo terrenal de los paganos

Un hombre cualquiera sueña con peregrinar a la divina Nápoles.

El calor de la media tarde se extiende por callejas y plazuelas. Una especie de laberinto adoquinado de los infiernos de Dante. Ni la cercanía del mar da tregua al caluroso verano del Mediterráneo. Sofía busca alguna brisa desde el altar de su ventana. Sin embargo, su divinidad pagana despierta los altos instintos de los termómetros, que se acaloran con sus cinematográficos escotes. Una fiebre avivada por las décimas de su luminosa sonrisa, made in Hollywood.


'L'Altare', Susana Paredes



Frente a su ventana, tras unos aterciopelados visillos, la beatona de su vecina escudriña, a través de unos católicos ojos, su esbelta y pecaminosa figura. En la penumbra, atesora su desgastado rosario por Ave Marías y Padrenuestros, mientras farfulla agravios e injurias que sobrepasan la moral de su mirada. Una mirada que mezcla realidad y ficción. Tras el primer amén susurra un imperceptible, ¡ladrona de taxistas!. Con el siguiente amén, ¡meretriz napolitana!. Al tercer amén le sigue un ¡sucia inmigrante rusa!. Después, ¡hechicera! Al quinto amén. ¡Fresca de mil pretendientes! Otro amén. ¡amante de curas!. Tras el próximo. ¡Fulana de gangsters!. Al octavo, ¡amiga de invertidos!. Con el siguiente, ¡libertina de portadas!. Y al décimo amén exhala un ¡viuda indomable!. No puede seguir. La ira de la vecina se suma al acalorado ambiente estival. Sus plegarias son pasto de unas infernales llamas por una certera combustión espontánea. Los bomberos, tras apaciguar el incendio, acaban regando el altar de Sofía para avivar las terrenales creencias, que equilibran el purgatorio entre el cielo y el infierno.


Y así un hombre cualquiera se despierta acalorado tras la improvisada siesta.

viernes, 26 de julio de 2024

Lo nocturno de los hechizos

Un hombre cualquiera imagina el sueño de una noche de julio en la meta del camino.

Las luces de las farolas acarician la piedra que eterniza la ciudad, sobreviviendo a irmandiños, profesores, sotanas y Marías. Entre la muchedumbre de turistas y peregrinos, el concienciado rebelde revive su juventud sin perder facultades y sin internarse en seminarios. Aprovecha la noche para colorear de rojo las estrellas del firmamento y abanderar el fluir de la Historia con el azul del Miño. Un discurrir que precipita, gota a gota, sobre la acuática postal de la ciudad que, por una noche, su cielo arde con los fuegos de artificio. Los mismos que se reflejan en su mirada. Una mirada ilusionada por conseguir lo luchado en cada conversación trasnochadora, en cada reunión vespertina y en cada voto depositado por el futuro.

El acolchado giste del lúpulo hace fermentar los recuerdos en la memoria con cada huella reencontrada por las festivas calles diseñadas por el Mestre Mateo. Lo mágico de la noche ahuyenta a la Santa Compaña por los sortilegios de las meigas, las ilegalidades de los trasgos y el bestial poder de la tarasca. Incluso los gatos negros se deshacen de la mala suerte y hasta las malas pecoras se convierten en las mejores compañias. El nocturno limbo sólo es gobernado por la Berenguela que avisa del inexorable paso del tiempo sobre la sombra del peregrino y entre las almas de la Quintana. Y el amanecer devuelve a la realidad, incluso a los hechizados por el licor café. Y el concienciado rebelde recupera con las primeras luces las raíces que le aferran a lo terrenal de la patria.

Y así un hombre cualquiera desea reencontrarse, más a menudo, con aquellos que dan significado al agarimo.

lunes, 22 de julio de 2024

Lo endiosado de los diablos

Un hombre cualquiera presencia televisivamente a un rico diablo alentando y enfureciendo a las masas para alcanzar el poder.

El sol le ilumina sobre el atril, la gorra roja le resalta sobre la escenografía y la verborrea incipiente concentra la atención mundial. El público enfervorizado se impregna del acalorado discurso. Una feria ganadera le sirve de excusa para mostrarse con la renacida fuerza de un fénix. Anaranjado, golpeado y superviviente. Todo ocurre rápido. Un metraje ensayado y calculado. El francotirador le enfoca. Los disparos le rozan. La trucada baraka le permite salvarse con un cuerpo a tierra. Los guardaespaldas le rodean responsables de su tarea. El caos. Y de entre las cenizas, las encuestas, ya favorables, impulsan una mayor distancia aparentemente insalvable… La sangre le aporta heroísmo. El grito le muestra superviviente. El puño izado le presenta victorioso. La bandera le acoge bajo palio. Ni los sesudos mensajes de un nutrido equipo de los mejores politólogos del planeta habrían conseguido tanto con tan poco.


Una imagen justifica el fin. Las portadas de periódicos y las imágenes de los informativos publicaban la proporción áurea del elefante republicano perfecto. Una artística mezcla de escultura clásica, representación pictórica e inmortalidad fotográfica al servicio del marketing político. La cercenada, pero gloriosa dureza del mármol de la Victoria de Samotracia. El desaliñado, pero imparable simbolismo de la Libertad guiando al pueblo Y la patriótica, pero facciosa escenificación del alzado de la bandera de Iwo Jima. Todo listo para alar al innombrable, quizás adelantándose al movimiento de su oponente. Si te haces con los mapas de tu enemigo podrás arrebatarle sus posiciones, arruinarle sus emboscadas y adelantarte a tus derrotas.


Y así un hombre cualquiera presencia televisivamente el blanqueamiento de un semidiós, ascendido de los infiernos.

domingo, 14 de julio de 2024

Lo olímpico de los humanos

Un hombre cualquiera observa los aros olímpicos que decoran el cerrado escaparate de la Estafeta sobre las fotos de los medallistas navarros: Indurain, Garralda, Esparza, Lacruz y Barnó.

El fuego olímpico está a punto de llegar a París, pero la ciudad ya brilla con luz propia. ¡Se nota que es 14 de julio! Y se admira radiante desde el parque de Belleville. Allí, Fermín y Margot han preparado un picnic familiar junto a Amélie y Edith con el parisino skyline de fondo para observar cómo la tricolor se iza sobre el cielo de los Campos Elíseos. Unos croissant rellenos, unos bastones de zanahoria con hummus, unos espárragos con jamón y una ensalada de patata. Un festivo festín para la famélica francachela afrancesada. Y en el horizonte la Patrouille de France comienza blandir la bandera y un rítmico rumor retumba con los acordes de la Marsellesa.


La portada de Libération une los dos acontecimientos del día. La marcha militar para la celebración del día de Francia y la cuenta atrás para la inauguración de los Juegos Olímpicos. De repente, Amélie le pregunta a su padre sobre los colores de los aros olímpicos. Entonces, Fermín, en unos pocos segundos, enrolla el periódico creando un artesanal catalejo para colorear la mirada de su hija hasta cada círculo olímpico. Primero le señala al cielo. Así le explica que el azul es Oceanía; un continente construido por islas entre las sirenas, los faros y las olas del mar. Después le dirige hacia el sol para enseñarle el amarillo de Asia. Un caluroso recurso inspirado en sus desérticos paisajes. En tercer lugar, le orienta la vista hacia el verde de las copas de los árboles, los pulmones del viejo continente europeo. Luego le pide a Margot que le tape el visor a su hija. Aquella misteriosa oscuridad africana le asombra como una noche sin estrellas en el Sáhara, un baño en las profundas aguas del Nilo o un imprevisto concierto con un violín de ébano de Madagascar. Y, por último, un Fermín de espaldas y con su pamplonica pañuelo rojo al cuello le sirvió de ejemplo para viajar al continente donde cada atardecer el cielo empieza arder. Donde el fuego se hace amor. Eso es América. La sonrisa de Margot, Amélie y Edith por la curiosa explicación se convirtió en un afectuoso abrazo, cuando Fermín les regaló a sus chicas tres pulseras de tela con los cinco aros de colores para recordar París 2024. Después recogieron su picnic libre, igualitario y fraterno. Y los cuatro partieron de las vistas del parque ataviados con el pañuelo al cuello, la tricolor en la mejilla y el catalejo amarrado a su mano para entonar el pobre de mí, tras los fuegos artificiales del 14 de julio.


Y así un hombre cualquiera recuerda que lo humano de lo olímpico es ser más rápido, más alto y más fuerte.


¿Y qué ocurrió otros 14 de julio?



domingo, 7 de julio de 2024

Lo acuñado de los caudillos

Un hombre cualquiera se despertó al alba y el dinosaurio seguía allí.

Allí seguía el dinosaurio. Grande, viscoso y aterrador. Las garras de sus pies estaban firmemente amarradas al suelo con una egoista posesión contra la gravedad y atrincherado en el frío metal de la frontera. Su plegada cola se enrollaba sobre sí misma con el enrevesado y mortecino nudo del ahorcado. Su respirar arcaico e irregular sonaba oxidado y cavernoso. Su espalda se izaba con la irracionalidad de los inflexibles mástiles a los cambios de aires. Y así seguía allí el dinosaurio.


Pero no seguía igual. La resaca de la noche le había hecho mutar. Más monstruoso todavía. Aún más endriagado y bestial. Una pesadilla real y terrorífica que asombra a plena luz del sol... Su grueso cuello se había dividido en dos cabezas autónomas e independientes, pero vinculadas a un mismo y oscuro corazón, que les envenenaba con cada desalmado latido. La verdosa molondra recostada sobre la diestra dormitaba ajena a su transformación. Altiva y peluda, la alumbrada testa escudriñaba a su siamesa para atacar primero. Aquella otra parecía enfundada con un antifaz de villano por lo coloreado y arbitrario de su pelaje. Y sin preámbulos se lanzó a dentelladas, comenzaba una simbiótica batalla por alcanzar la gracia divina que dicta lo acuñado de los caudillos.


Y así un hombre cualquiera observa atemorizado la marcialidad del reloj retrocediendo hacia la oscuridad.

domingo, 30 de junio de 2024

Lo cotidiano de los detalles

Un hombre cualquiera encuentra su media y anaranjada langosta al partir el calendario en dos equilibradas partes, que se completan y se engrandecen.

Ella es el último mikado de la caja. Ella es la tortilla con el punto perfecto de jugosidad. Ella es la brisa matinal que airea los sueños al amanecer para que comiencen a cumplirse. Ella es la película que nos engancha a pesar de sabernos cada giro del guión. Ella es la croqueta más crujiente de la fuente. Ella es el trébol de cuatro hojas en mitad del picnic. Ella es la dedicatoria que acaricia el alma con la pluma tintada. Ella es la noche de pizza, palomitas y algodón de azúcar.

Ella es la fiesta improvisada que acaba iluminándose con los primeros rayos del sol. Ella es el sueño de una siesta de una tarde de verano en vacaciones. Ella es la tarde de viernes que planea un fin de semana sin lunes en el horizonte. Ella es el azúcar que impregna los dedos tras una merienda frente al kiosko. Ella es la estrella fugaz de Bagdad del Súper Mario. Ella es el no puedo vivir sin ti que suena en bucle sin previo aviso. Ella es la buena noticia que alegra a propios y extraños sin publicarse en diarios, ni boletines radiofónicos. Ella es la obra de arte que se roba por amor.

Y así un hombre cualquiera siempre colorea de rojo festivo el 30 de junio.

miércoles, 26 de junio de 2024

Lo tórrido del fuego

Un hombre cualquiera observa las llamaradas que definen la línea de la costa entre lo humano y lo infinito.

La expresión arder en deseos es una mecha que se enciende en la noche de San Juan. Deseos, promesas y sueños se desmaterializan en lo embriagador de lo purificado. El calor, que desprenden las hogueras, recuerda al hogar. El fuego, que ilumina las oscuridades, ahuyenta al miedo. El humo, que difumina los horizontes, acerca las metas.


Allí abrazados entre arena, risas y cerveza, su sueño de la primera noche del verano se prende con la estela de una estrella fugaz. Y se empiezan a quemar con un tórrido beso que intercambia su avergonzado carmín con el cosquilleo de su bigote. Sus latidos guían el romance entre inocencias e inseguridades. Un haz de faro que arroja luz ante los cantos de sirena y lo peligroso de los acantilados. Y al final, al abrir los ojos se encuentran. Las sombras muestran lo verdadero de los sentimientos con las luces del alba de la mañana de San Juan.


Y así un hombre cualquiera sabe que algunas ascuas seguirán encendidas a pesar del oleaje de la playa.

domingo, 9 de junio de 2024

Lo reencontrado de las primicias

Un hombre cualquiera se sienta a observar el trajín de las casetas de la feria del libro de Madrid.

Una leve brisa mueve las hojas de un libro abierto; quizás un alma lectora sin cuerpo, pero con una vivaz ansia literaria. El murmullo de compradores y curiosos se entremezcla con las tertulias de carboneros, gorriones y herrerillos. Estos se alzan entre acacias, arces y robles cuyo agitar de hojas recuerdan al lejano mar. A sus pies la playa se escribe entre portadas, sinopsis y dedicatorias. Estás últimas líneas del libro se hacen a mano alzada por inspiración única e intransferible de la lectora hacia el escritor. Lal misma que espera anhelante en la fila a que su ejemplar se convierta en único.


La ávida lectora espera a su turno. Cinco pasos. Seis minutos. Quinientos ochenta y siete latidos. Y, por fin, frente a su autor se encuentran la mirada y la pluma. Él nota su azucarado perfume a mañana de domingo en el hogar. Él percibe el otoñal brillo de su mirada que solea entre la incesante lluvia de noviembre. Él también se pierde entre el retorcido infinito de las tramas azabaches de sus cabellos. Al otro lado de la mesa, ella observa lo afilado de su mordida para cazar al vuelo un buen argumento. Ella advierte lo despistado de su sonrisa ante la tormenta de ideas que ruge entre sus sienes. Ella también siente la fortaleza de su diestra al redactar las últimas líneas de su obra. Ambos se miran y se despiden con la esperanza de reencontrarse nuevamente por primera vez, como cada año.


Y así un hombre cualquiera se retira entre los árboles del parque que seguirán presenciando historias, pero que nunca serán pasto de unas páginas manuscritas.

martes, 28 de mayo de 2024

Lo efectista del dominó

Un hombre cualquiera observa a un anciano con un estuche de piezas de dominó sobre una mesa del parque.

La soledad del hombre le impide comenzar una partida con alguien. Así que toma las piezas y comienza a colocarlas de pie sobre la mesa con una pacífica forma, inspirada en el “Imagine” de John Lennon. Que, por cierto, suena de fondo entre las cuerdas de unos aprendices de guitarra. El cuarto creciente de piezas se encamina a la medialuna y, lento pero seguro, a la luna llena. Después comienza a rellenarlo hasta conseguir el icónico símbolo de la paz.


La calma de la sombra de los robles le permite elevar la mirada al azul. Una búsqueda inconcreta o una meditada llamada de atención para la intercesión divina. No recibe respuesta. De hecho, las cuerdas de guitarra se silencian y unos bélicos tambores afloran sobre el tablero. Una a una las piezas van precipitándose sobre la siguiente, hasta que las ruinas asolan el ajedrezado campo de batalla. El jugador solitario echa una última mirada a la mesa y huye entre los árboles hacia otras mesas fronterizas para probar el efecto dominó.


Y así un hombre cualquiera se acerca a la mesa y entre la devastación se lee con esperanza: ¡Gaza!

miércoles, 15 de mayo de 2024

Lo hogareño de los carteles

Un hombre cualquiera se encamina a la pradera con chaleco, gorra, bigote, un clavel ajado en la solapa de la mano de sus chulapas.

El autobús urbano avanza por la avenida repleto como un puesto de rosquillas. Los cuatro gatos se rodean de exóticos leones, pumas, leopardos, tigres, panteras y jaguares, que se convierten en autóctonos entre lunares y patas de gallo. Al llegar a la parada de la plaza de Marqués de Vadillo, el ambiente festivo marida entre el ritmo del organillo, los chinchines orientales y los acordes latinos. Los brindis castizos y de importación se traducen sin necesidad de intérpretes en la torre de farolillos de Babel. El epicentro del jolgorio chulapo se extiende desde la pradera a las Vistillas, impulsado por la vital vecindad de las corralas. Hogareñas colmenas que acogen y abrazan con el espíritu comunal de otros tiempos en los que las redes sociales eran de carne y hueso. A la sombra del puente de Toledo, bañado de un fluido tránsito de goyescos y chulapas sobre el Manzanares, Lili y Néstor juegan sobre el césped con Rocín y Flaca. Han asentado su campamento, algo apartado del bullicio, para convertir el 15 de mayo en la fecha que Lili le pide matrimonio a su tatuado chulapo. La planeada siesta se soñará con los ojos abiertos planeando la celebración al calor de los dragones y los altos vuelos del quetzal. Todo ello, sobre el verdor de la carabanchelera pradera. La misma que se extiende hasta Vallecas, donde Almudena y Paco reciben a los habitantes de la residencia para que celebren al patrón en el jardín con entremeses y vasitos de salmorejo. Victoria va inmortalizando la fiesta para el álbum de recuerdos que en unas semanas estará en el salón de la televisión. Una dura competencia durante varios días para el Pasapalabra y el parte de la noche.


La marabunta de cabezas, gorras y pañuelos avanza al son de las campanadas del mediodía. Y, también, resuena el eco de las atracciones y altavoces con un improvisado hilo musical, que llega incluso a las inmediaciones del Matadero. Allí las británicas pecas de Gloria y la brillante sonrisa de María han convertido un hueco de sombra para comer y practicar los primeros pasos de “chotis” con Vera. Gloria atesora en la cesta las preciadas rosquillas que compró por la mañana en la pradera. Sin duda, las adquirió en uno de los puestos más madrugadores, el de Manuela. Allí esperaba la tendera a su clientela con su enlacado peinado del que florece un encarnado clavel, con sus graciosos eslóganes de venta y con sus precios asequibles (y nunca populares); que le convierten en un clásico del mercado de San Isidro. Obviamente, ya tiene a buen recaudo su cartel de las fiestas para su colección, que le recuerda a su hogar y siempre en la memoria a su artista, Mercedes, que ilustra su vida con pinceladas biográficas.


Y así un hombre cualquiera se inmortaliza con la emperatriz berciana y la heredera del imperio entre los amigos de siempre de la pradera.


Inspiración castiza con Mercedes deBellard

¿Te acuerdas de otros San Isidro?


domingo, 12 de mayo de 2024

Lo nocturno de los duelos

Un hombre cualquiera camina desorientado por un anochecido París acariciando los adoquines con sus huellas y buscando el rastro bohemio de la ciudad.

Un decimonónico traqueteo de herraduras transporta a un pasado histórico, sólo con cerrar los ojos. O, quizá no haga falta hacerlo, la imagen que se materializa es propia de una novela en las postrimerías de Montmartre. El tungsteno de las farolas se refleja en lo plateado de la armadura y en la coronada bacía. Su barba canosa recuerda que el diablo sabe más por viejo que por diablo. Y su visión alucinada le evade de la realidad y le altera su estratosférica imaginación. Y la aventura empieza una vez más.


En un lugar de la Francia, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un gigante de los de panza en ensanchamiento, corazón despistado, abrazo de aspa y gorro capirotado. Lo pardusco de la madrugada les encontró para el duelo. La lanza en astillero se enfocó en el corazón del coloso. Rauda y veloz. Metálica y puntiaguda. Sanguinaria y certera. El encontronazo hizo batir los brazos del titán con el rítmico repiqueteo de las faldas contoneantes de una corista. Unas pinceladas al vuelo que ni el mismísimo Toulouse-Lautrec habría alcanzado a cazar. El inmenso ser quedó desmembrado y Don Quijote, aunque algo agotado, sólo tuvo que tranquilizarse y colocarse el casco. Tras su victoria alza el vuelo y se pierde entre las sombras de la noche, junto con su inseparable Sancho. En la escena del crimen, el Moulin Rouge huérfano de su equis o su cruz, según los ojos que lo miren, espera auxilio para que el espectáculo pueda continuar.


Y así un hombre cualquiera recoge un tornillo del suelo que guarda en su bolsillo como recuerdo de lo nocturno de los duelos.


Caen las aspas del Moulin Rouge en plena noche

domingo, 5 de mayo de 2024

Lo acertado de lo materno

Un hombre cualquiera recuerda que su primera palabra fue, indudablemente, mamá.

Cada madre esboza y dibuja la maternidad con lo alumbrado de sus pequeñas obras maestras. Hay madres que consiguen materializar los deseos de la lámpara junto a Jasmine y Aladdin. Hay madres que explican la historia a través de renovados mapas de la U.R.S.S. Hay madres que dan el ejemplo de soltar lastre para ascender hacia la felicidad. Hay madres que se aíslan entre playas para amar con la fuerza de las olas. Hay madres que reverdecen las infancias con el milenario saber hacer de los celtas. Hay madres que defienden la familia por hecho y por derecho. Hay madres que renuevan lo hogareño de los paraísos. Hay madres que crían con las pociones mágicas importadas de su maternal Galia. Hay madres que se esfuerzan para superar los imprevistos retos de la vida. Hay madres que agradecen sus premios poniendo en valor su mayor tesoro. Hay madres que estrenan su primer domingo de mayo y su primer hogar en familia. Hay madres que crean familias en femenino plural. Hay madres que repiten experiencia con lo experimentado de una experta.


Todas estas recetas de la maternidad se complementan con los acertados trucos de las madres que nos parieron. Las que nos protegieron con la fuerza de sus latidos. Las que fortalecen el ánimo sin ninguna palabra y con muchos besos. Las que hornean con todo el tiempo del mundo lo delicioso de la felicidad. Las que convierten las cotidianas rutinas en extraordinarios momentos. Las que inmortalizan veranos para abrigar inviernos. Las que hacen crujir la corteza y acolchar la miga de la masa madre. Las que se visten con pijama para hacer los sueños realidad. Y que acaban definiendo lo materno por lo acertado de sus caricias, consejos y decisiones.


Y así un hombre cualquiera recuerda que no solo el primer domingo de mayo es el día de la madre.

domingo, 28 de abril de 2024

Lo quincuagésimo de los relatos

Un hombre cualquiera se despierta sobre un aterciopelado diván, que se alfombra por las escritas historias reales y las leídas experiencias ficticias.

Pareciera que han pasado apenas 19 días, pero son más de 500 noches de urgencias, disimulos y rutinas al otro lado de unas gafas, que narran desde una coloreada mirada cualquiera. Una carrera de fondo con un modesto Fiat Cinquecento que se fue personalizando hasta competir sobre el asfalto de Indianápolis. Se invirtió, principalmente, tiempo, porque el pingüe capital no llegaba, ni por asomo, a la moderna arquitectura de lo morado de los billetes. Como mucho, a modo de amuleto, una dorada moneda de quinientas pesetas se agazapa en la guantera, una divisa circulando sin permiso y con solera. Justo al lado, los kilómetros recorridos se miden en ríos de tinta que dibujan los mapas, donde habitan dragones, donde amarillean las flechas y donde se sueña en pijama. El conductor amortigua la miopía con un innato sentido de la orientación que partió de las olimpiadas londinenses y que, sin ninguna noción de conducción, divisa el parisino horizonte olímpico. Sin medallas ni laureles, las doce pruebas de Astérix se han ido superando y el fuego de la antorcha sigue encendido para iluminar los próximos caminos por recorrer.

El pequeño utilitario cuenta con la capacidad de un transporte de gran tonelaje que comparte viaje con mujeres y hombres extraordinarios. Personas y personajes que inspiran el cuaderno de bitácoras y nunca expirarán, porque se han convertido en eternos. Al fondo, el maletero está repleto de baúles que atesoran libros, discos, películas y cuadros, que han sido inconscientes musas por el simple hecho de existir. Y, obviamente, hay álbumes de fotos que inmortalizan el arte de quienes observan la vida con lo enmarcado del obturador y que han ayudado a imaginar relatos que ni ellos mismos sabían que habían fotografiado. También, se almacenan artículos de opinión, cintas con series y programas de televisión y noticias que han traspasado las pantallas y el papel para revivirse en universos paralelos. Y los recuerdos que no ocupan lugar, pero habitan momentos para revisitar siempre.

Y así un hombre cualquiera se fija en el techo, que se empapela con cheques en blanco por escribir y firmar de su puño y letra.