domingo, 17 de agosto de 2025

Lo devastado del paisaje

Un hombre cualquiera se postra al el inhóspito paisaje y cubierto por un macabro confeti de ceniza.

Las briznas negras precipitan en una triste lluvia de lágrimas y cenizas. El ambiente está cargado de un humo agobiante que anuda la garganta y enrojece los ojos. Y después el perfil del horizonte se enluta, no por el contraluz del atardecer, sino por la huella del fuego. El verde se ennegrece. El agua se enturbia. La vida se muere. ¡(casi) Todos contra el fuego!

Monte arriba, bien alto, la atalaya se empodera al observar el todo. En el vacío de la nada, una moqueta de tizón y carbón acoge, entre rescoldos y ascuas, una larga mesa de castaño barnizado. Su brillantez le convierte en espejo del grisáceo cielo, de los borbotones de humo, de los ocupantes de las sillas y lo más importante de los respaldos de las sillas sin dueño. La silla presidencial se encuentra huérfana de cuerpo, por vacaciones, y de alma, por sin razón. La silla del consejero se quema por la incapacidad de su propio dueño. La silla de la UME sirve de descanso para un rostro cansado y tiznado de lucha. La silla del alcalde se encara de rabia, impotencia y cabreo. La silla del paisano es incapaz de sostener la tristeza de unos ojos agotados de llorar las pérdidas. Y, sobre todo, al girarse hacia la silla del voluntario cuya alma se escapa de las yemas de los dedos entre el invisible subir del humo. ¡Gracias!

Y así un hombre cualquiera se queda sin ánimo ni fuerzas ante la devastación.

domingo, 10 de agosto de 2025

Lo furtivo de la inconsciencia

Un hombre cualquiera recibe un chamuscado aroma al poner un pie en la comarca.

Al borde de un termómetro febril entre el incesante oleaje de calor, la vida sobrevive a las temperaturas a la espera de la aliviada brisa del norte. Pero el plan del resto de habitantes no era compartido por Lorenzo. Un hastiado personaje que agotaba su década de los cincuenta entre oscuros trapicheos, trastornos internos y trabajos de cuestionable moralidad. La derrota en varias batallas le encendía las entrañas y su rabia le ardía entre la mirada. Así con su escaso discernir nublado y su hambre de venganza a flor de piel se echó al monte. Allá se lanzó con la conciencia perturbada en su testa y un ansioso mechero en su bolsillo. La furtiva represalia y la inconsciente cavilación maridan en un caótico resultado. ¡Y el chispeante chasquido chiscó!

"Noche de San Lorenzo", un hombre cualquiera 

El hipnótico fuego en una encina le embelesó en el reflejo del retrovisor de su Ford Escort, antes de huir hacia otro bosque donde continuar con su particular escarnio. A pesar de tener ventanillas abiertas, el termómetro del coche alcanzaba los 30 grados y se visibilizaba en sus perladas sienes; resultado del ardiente ambiente y los culpables nervios. El improvisado guión incluyó unas lejanas luces azules que incrementaron las pulsaciones y el inesperado sonido del teléfono le revolvió sus adentros. Un preventivo mareo le pidió un impasse. Al entrar en el primer pueblo, aminoró la velocidad hasta frenar vehículo, cuerpo e ideas. El horizonte aún iluminado fue enviudando el cielo y con la ayuda de unos altos cirros y estratos, una tímida tormenta fue aterrizando sobre la luna del coche. Lorenzo amarrado a su volante se asomó buscando una señal a sus deseos en una fugaz perseida. La oscuridad dilató sus pupilas perdiéndose en una gruta sin salida.

Y así un hombre cualquiera se encomienda a la UME para salvar los paisajes, el patrimonio natural y el futuro de El Bierzo.

jueves, 7 de agosto de 2025

Lo amigable de las celebraciones

Un hombre cualquiera se despierta al ritmo de “Les enfants de la patrie”.

La habitación ondea entre reflejos azulados, una pureza blanquecina y pinceladas encarnadas. El sol atraviesa la afrancesada bandera izada en el balcón entre madroños, Retiros y Manzanares. Mar adentro de las cortinas, la somnolencia del despertar comienza con una desubicación temporal, pero, poco a poco, la conciencia va tomando tierra. La primera muestra de realidad se asoma desde un imantado portarretratos amarillo con una inmortalizada instantánea. Más allá, un pequeño jarrón con peonías, que embriagan de aroma con un primaveral recuerdo en pleno agosto. El mismo mes que aparece en el calendario del escritorio con notas y colores para recordar los planes por vivir antes de conquistar el álbum de recuerdos.

Algunos dibujos de sus artistas favoritas salpican la mesa, convirtiendo aquel rincón en un pequeño Louvre. Y un furtivo rayo de sol da en la clave del pentagrama para recordar las percutidas teclas de un piano que resonaban en el viejo hogar de Bordeaux. Quizás una prematura señal de la artista que estaba por llegar a la familia. Una familia que celebraría con la pasión de una victoria baloncestística la bondad de la noche antes de la llegada de Santa Claus. Y los regalos se van agolpando en las estanterías. Unos acolchados cojines de las familiares antípodas, un nacimiento labrado con el barro del Perú, unos plateados cubiertos que rememoran las meriendas en casa de la abuela y hasta una cigüeña con un mapa en sus alas para encontrar los lugares donde encontrar la felicidad. Una sutil brisa consigue vencer el pestillo de la puerta. Las vistas se colorean con globos y guirnaldas, "la vie en rose” comienza tras el rotundo descorchar del champagne y un dulce perfume a canalé que se corona por los encerados deseos por soplar.

Y así un hombre cualquiera se despereza para unirse a lo amigable de las celebraciones.