miércoles, 31 de diciembre de 2025

Lo premonitorio de las uvas

Un hombre cualquiera prepara las uvas en un cuenco para tenerlo listo en la medianoche.

El reflejo del cristal le devuelve una icónica imagen de cada mes que deposita. En la cinéfila premonición que se proyecta con cada fruto van apareciendo caras conocidas y futuros rostros familiares, que ahora son totalmente desconocidos. Aparecen hogares de siempre y lugares donde ahora solo hay dragones. Hay maletas recién hechas, comidas humeantes sobre la encimera y soleados horizontes iluminando el camino. Alguna uva se resiste y entonces aparecen lágrimas, ceños fruncidos y abrazos reconfortantes.

Presente, Susana Paredes

Un rayo de sol crea una ansiotropia al adentrarse furtivo por la ventana la luz del invierno. Un veraniego calor ilumina las manos al llegar a junio. Las imágenes huelen a cerezas, se colorean de carmesí y las velas encienden los recuerdos. Las siguientes uvas chapotean entre playas, piscinas y ríos… antes que el olor a libros recién comprados, el sonido de la cremallera de la mochila y los reencuentros con los amigos alcancen el calendario. Las última uvas se escapan de los dedos casi sin darnos cuenta. Cómo hojas secas cayendo de los árboles, como castañas percutiendo en el tambor y, sin darnos cuenta, las calles vuelven encenderse de luces y adornos.

Y así un hombre cualquiera se aferra al presente por vivir un ¡Feliz 2026!

jueves, 25 de diciembre de 2025

Lo soñado de los encargos

Un hombre cualquiera se despierta en mitad de la madrugada tras un sueño que olvidó nada más abrir los ojos…

Al salir de la habitación nota una abrigada sensación y un peso acolchado sobre el hombro. Al llegar a mitad del pasillo, el espejo le devuelve un mágico reflejo. ¡Sorpresa! La lamparita de tortuga de Tiffany le ilumina en mitad de la oscuridad. A este lado del espejo, no está el Sombrerero Loco, sino el mismísimo Papá Noel. El mismo que viste y calza y destaca por su barba. Al hombro los regalos perfectamente envueltos y con su etiqueta a nombre del receptor.


Laponia, un hombre cualquiera

Una luz tenue marca el camino de baldosas de madera del parqué hasta el salón. La luminosidad del árbol va creciendo a medida que los pasos van acercándose. De hecho la magia impregna todo lo que toca, incluso la tablilla que traquetea en el suelo no resuena al pisarla. A los pies de las zapatillas, la huella de los regalos van marcando los recuerdos que quedarán en la memoria a partir del amanecer. Tras realizar la labor encomendada, un pequeño descanso en el sofá y un avituallamiento de leche y polvorones. De devuelta a la cama, el pijama ha vuelto a vestirle y la barba deja de blanquear (tanto). Al cerrar la puerta de la habitación la oscuridad aguarda la sorpresa hasta el amanecer, como el papel de envolver esconde a los regalos.

Y así un hombre cualquiera recupera el sueño olvidado en aquel taller de juguetes de Laponia.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Lo escalado de los grises

Un hombre cualquiera se despierta con una extraña dolencia visual que le degrada la realidad a una escala de grises.

El calendario fecha negro sobre blanco el pasado. El luto de las águilas sobrevuela un colorido mapa, que renace primaveral en pleno noviembre. Los errores del dictado se señalan en rojo superviviente. Y el tiempo califica con el peso de los libros de Historia que narran lo superficial y que destapan lo que espera aún bajo tierra.

Tiempo, Susana Paredes

El calendario perfila entre claros y oscuros el presente. La claridad del cielo aterriza entre lo sombrío de las cruces. La clarividencia de las cuentas a corazón abierto. Una pala clavada sobre un terruño olvidado simula una sombría sepultura, que se perdió entre tiros de gracia y desgracias ametralladas…

El calendario chequea el horizonte hacia el futuro. Un cheque nominativo para resarcir el honor de las víctimas. Un cheque para reparar los vacíos, los olvidos y las ausencias. Un cheque para desfondar las cuentas que financiaron el horror, la guerra y la muerte.

Y así un hombre cualquiera recupera el colorido pantone para dotar de presente a una realidad, cimentada en el pasado y con un futuro en continua construcción.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Capitulo XVIII: Lo inconfundible de las extraordinarias

 Un hombre cualquiera se encuentra con humanas extraordinarias y mujeres inconfundibles entre la ribera del Manzanares y el skyline sobre osos y madroños.

Romper con los prototipos de género y arreglar las mentes para abrirlas a la diversidad y a la igualdad. Esta afirmación se modela, día a día, por la ebanista de Celedón. Ella inmortaliza horizontes desde el visor de sus cámaras. Ella aromatiza hogares desde la encimera de sus recetas. Ella educa futuros desde el vuelo de sus alfombras. Ella improvisa escenarios desde la imaginación de sus proyectos. Y ella siempre se conjuga en feminista plural para construir, reformar y solucionar en positivo.

Sus días amanecen al pintar sus ideas con un soleado peinado frente al espejo del camerino. Accede a su marca sobre las tablas, se coloca la nariz colorada y el telón se abre ante ella… Su fanática espectadora le aplaude entusiasmada y la obra se va improvisando con las peticiones a la carta. El escenario se convierte en una peluquería con trenzas, una cantina con desayuno o una zapatería con botas. Después la troupe sigue su actuación por aceras adoquinadas y pasos de cebra. Y el primer acto se termina al son de una ecléctica mezcla de canciones a altavoz en grito. Acto seguido, exterior, día. El plano subjetivo se colorea con el visor del casco. A lomos de una yegua motorizada surca las cumbres y valles de la sierra, los polvorientos caminos de virutas y serrín y los veteados paisajes por pulir le inmortalizan antes de volver a la gran ciudad. El horizonte se atardece con un cóctel de verano de tintos y tostadas semillas de cola antes de alcanzar el tercer acto. El acolchado y blanquecino giste le abraza entre el calor del hogar, antes de que lea alguna historia para espantar pesadillas y monstruos bajo la cama. Un silencioso aplauso cierra el telón hasta la siguiente función.

Y así un hombre cualquiera repuebla bosques por tallar nuevas tramoyas, bastidores y bambalinas por la ebanista de Celedón.

¿Recuerda más extraordinarias inconfundibles?

Capítulo I: Fílmica norteña

Capítulo II: Mecenas del Quijote

Capítulo III: Forzuda equilibrista 

Capítulo IV: Alumbrante de historias 

Capítulo V: Soñadora en pijama

Capítulo VI: Aventurera de las siestas

Capítulo VII: Irónica politóloga

Capítulo VIII: Conversadora berciana

Capítulo IX: Sonriente comunicóloga

Capítulo X: Teniente con rizzo

Capítulo XI: mademoiselle del vestido burdeos.

Capítulo XII: Embajadora de la city

Capítulo XIII: Narradora de vivencias

Capítulo XIV: Guerrera de los Ancares

Capitulo XV: Venerable camarada 

Capítulo XVI: Intérprete del Cueto

Capitulo XVII: Fotógrafa de canciones 

sábado, 18 de octubre de 2025

Lo admirado de los encuentros

Un hombre cualquiera camina por la ciudad haciendo tiempo para encontrarse con una soñadora en pijama.

Los pasos acarician los adoquines con la delicadeza de mantener imborrables las huellas que nos han traído hasta aquí. Los kilómetros se evocan en recuerdos y los recuerdos se cuentan en kilómetros. Una peregrinación que siempre empieza y termina en ti. Un paseo en sueños que entremezcla calles, escenarios y jardines inconexos en la realidad, pero que el montador encajará perfectamente para evitar los saltos de eje y los fallos de racord. Un aroma a croissant recién hechos encandila hasta convertir las petrificadas conchas en un salado sonido de mar. Allí eres la calma, la tranquilidad de un amar que te libera al acompañar cada brazada. Allí eres la fuerza, la resaca de un amar que te abraza al sentir cada poro. Allí eres el todo, la inmensidad de un amar que te toma al activar cada sentido… Y, por encima de todo, el sol te ilumina, te refleja, te alucina sobre un mar de piedra. Una rítmica brisa resuena por calles y plazas para acompasar los agitados latidos del corazón que provocan las atalaya con alma de globo aerostático.

El aterrizaje se colorea por las vidrieras que cristalizan las diferentes miradas y que moran tras los horizontes. En los valles construidos sobre los dorados cimientos horadados por el fluido acuoso de la vida. Qué parte de la invernal nieve, se convierte en un goteo continuo que llena el regato y fluye hasta el amplio río. Arriba en el puente, las pinceladas te inmortalizan en un salto eterno al atardecer. Y, poco a poco, las estrellas tatúan el cielo entre la misteriosa oscuridad que rozan las rascacielos con la punta de sus cumbres. Y, entonces, nos reencontramos tras los quehaceres diarios que oxigenan y refrescan antes de habitar las paredes que se construyen en hogar.

Y así un hombre cualquiera se para en mitad de la ciudad para admirar a una soñadora en pijama.

domingo, 12 de octubre de 2025

Lo latido de los viajes

Un hombre cualquiera abre el álbum para que despeguen globos, bolboretas y aviones para alcanzar lo emotivo del calendario en octubre.

Algunas vueltas al mundo no solo duran 80 días, algunas vueltas al mundo solo necesitan de otra admirada mirada para viajar sin moverse, frente a frente. Sus pupilas reflejan lo luminoso de las bombillas, lo explosivo de los artificiales y lo fugaz de los deseos. Y el paisaje se alfombra con las otoñales hojas de vividas postales, que se extienden hacia los nuevos horizontes para visitar. Allí donde reseñar destinos y describir experiencias en el cuaderno de bitácoras. Justo al atardecer, cuándo los vuelos de los pájaros rojos arrebolan los cielos y los aviones de papel desean alcanzar Bagdad.  

Superando el vértigo, que te enseñan las horas de vuelo, la paleta del otoño despliega sus pinceladas con el ingrávido y noble vuelo del helio sobre los mapas. Paralelo al vuelo del heroico Starman que se convierte en invencible entre altos cirros y estratos. O, allí abajo, pilotando un “acolorado” 600 con una incansable brújula por vivir en felicidad perpetua. La única que atesoran los abrazos imprevistos sin reloj, los labios perfilados en carmesí y los sueños compartidos en pijama.

Y así un hombre cualquiera toma tierra, como cada 12 de octubre, para revolucionar los latidos de la felicidad.

domingo, 5 de octubre de 2025

Lo histórico de las lecciones

Un hombre cualquiera se encuentra en mitad del campo de batalla y los terroríficos tambores de guerra se percuten por los armados artilleros.

Las sirenas avisan de la previsión de los bombardeos, las trincheras se agazapan sobre el terreno y la vida intenta sobrevivir entre la sin razón y el odio. A pocos metros una radio da el parte. Suenan las señales horarias. El micrófono se engola para narrar que son las siete de la tarde del 18 de julio de 1936. ¡La guerra ha comenzado! Silencio y quietud. Nadie parece asustado, nadie pretende huir. Al revés, todos se quedan sentados sobre su butaca. La clase de Historia comienza. Se van materializando Queipos, Pasionarias, Yagües, Azañas, Calvos Sotelos, Generales Rojos, Molas, Largos Caballeros, Francos…Todos vuelven a habitar las miradas para representar la pesadilla bélica y para entender el cómo y el por qué de “lo otro”. Ese tabú que se fue diseñando, verbalizando y financiando durante los tiempos en que las moradas blandían los mástiles y el progreso se conducía desde los escaños. Y, poco a poco, en pleno día el cara al sol, verso a verso, va asombrando el calendario hasta golpear el estado liquido de las ideas, el gaseoso de las promesas y el sólido de los cimientos.

1936, cartel de Emilio Lorente 

Y después… se fueron sucediendo los horrores desde la marcial diestra hasta la descorazonada izquierda. Los anticlericales incendios de los conventos, las sangrientas corridas de Badajoz, los patrióticos guardianes de los alcázares, las inhumanas desbandadas de las madrugadas, los madrileños no pasarán, los experimentos mortíferos de Guernica, las encarnizadas batallas en el Ebro, los demoledores planes sobre Bilbao y, entre millones y millones de desgracias, los exiliados suspiros allende los mares. ¡Maldita guerra! Aquí o allá, al otro lado del Mediterráneo o a este, siempre lo mismo. El terror, el hambre y la destrucción. Edificios, vidas e ideas hechas añicos y enterradas con un máximo común denominador. Acabar a garrotazos con el enemigo para siempre. Pero, la memoria atesora los valores por mucha tierra que quieran verter sobre ellos. Y los campos, los cementerios y las cunetas florecen con los descendientes que preguntan, buscan y rescatan. Y las victorias de los libros no son tal cual se relataron por los sublevados y la amnesia de la Historia se cura con cada detalle que llena los vacíos, se enmarca en los retratos y se dignifica con los homenajes.

Y así un hombre cualquiera se pone en pie para aplaudir una clase de Historia que debería ser de obligado visionado por agitadores del odio, charlatanes de tertulia y, por encima de todos, a los que deben construir el mañana.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Lo singular del ahora

Un hombre cualquiera dibuja unos puntos suspensivos para suturar con un intenso hilo argumental.

Un instante mientras los turistas se van… y las primeras luces de la noche se reflejan en charcos, brindis y pupilas. De hecho, la mirada directa de Jane al tungsteno amplia su iris de color caramelo, hasta convertir su pupila en un punto y aparte. Y nadie mejor que ella para reescribir su propio futuro en presente de indicativo. Más fácil de conjugar, sin jugar, al menos, con ciertas complicaciones. Así es como retoma la primera persona del singular, tras una pluralidad de pesados pasados. Un ahora, sin frases fingidas, ni dictados llenos de erratas. Parpadea para salir de su ensimismamiento colgado de la guirnalda de luces. Sentada en la terraza, vuelve a la realidad y se observa en las ventanas de la taberna. Y, entonces, advierte el brillo en su anular derecho al elevar la botella hacia sus labios. Su sed se espera y la botella retorna al posavasos de Guinness. Unos segundos eternos. Logra desencajar el anillo, que despliega un álbum de recuerdos en su memoria. Al liberar aquellos gramos de su dedo, un suspiro le confirma las toneladas que se quita de encima La madera de la mesa arañada de iniciales, corazones y fechas recibe extrañada un anillo huérfano de promesas. Al volver a coger la cerveza, la bocina de un taxi con la luz amarilla sobre su techo le asusta. La botella golpea al anillo. El anillo se precipita de la mesa. Y el efecto dominó desemboca en una alcantarilla sin vuelta, ni retorno.

"Instante", A. Arias Gallego

Un instante mientras los turistas se van… y las últimas luces del día se enredan en el arrebol entre naranjas, púrpuras y rojizos. De hecho, la mirada de Helen se pierde en la ciudad que le rodea a los pies de The Shard. El horizonte se enviuda, la esperanza se pierde y el final se confirma. Así es como retoma la primera persona del singular, tras una pluralidad latente que colapsa en paro cardíaco. Un ahora, cautivo de recuerdos y exento de contigos contiguos. La inmensidad de un mar urbano le convierte en náufraga al deshacerse de su salvavidas dorado, que instintivamente lo convierte en una suerte de mirilla con la que buscar dentro del vacío. La creciente oscuridad consigue un efecto óptico que por unos instantes borra los márgenes de su visor. La más absoluta soledad le remueve por sus adentros. Las luces del despacho titubean certeramente para abandonarla entre sombras. Asustada pierde la fricción de las yemas de sus dedos y una secuencia de mortales perfectos clava su anillo en el fondo de la papelera. Ni siquiera intenta otear el punto y final a sus pies. El portazo al salir de su despacho resonó con la contundencia de la contraportada contra la última página de un libro, que jamás volverá a abandonar la estantería de la biblioteca.

Y así un hombre cualquiera hila los puntos que argumentan lo dibujado entre la hoja y el tintero.

martes, 2 de septiembre de 2025

Lo enraizado de las postales

Un hombre cualquiera fotografia postales de verano para abrigarse ante la llegada del invierno.

Era un pueblo con mar, ni siquiera había habido concierto, y nadie reinaba tras la muralla. Los rayos del mediodía iluminaban las postrimerías del verano, la brisa recorría las calles con un salado sabor marino y los adoquines huérfanos de turistas esperaban las primeras lluvias para reflejar la cotidianidad de la vida. Y en medio de todo está ella. Ella no es turista, ni propia ni extraña, simplemente es siempre ella. Ella era de allí, cuando la infancia le recibía con la colorida vistosidad de las plumas reales. Ella es de allá, cuando la madurez le convierte en embajadora de los amigos que trae de ultramar para enseñarles sus raíces. Ella será de donde quiera, cuando los años atesoren más recuerdos, anécdotas y tiempo.

"Postal", un hombre cualquiera

En esta instantánea, las calles se cruzan para encontrar nuevos caminos y las placas evocan otros lugares en la memoria. Aquí Sol no resuena con campanadas, pero se dispone en un extenso racimo que callejea sin emplazarse nunca. Aquí Atocha no resuena con trenes, pero se convierte en “cruceiro” de caminos cuando se habita de meninas. Aquí las Armas no se abrigan de palacios y almudenas, pero se abrazan con consistorios y carmenes. Aquí España no rasca los cielos con arquitecturas vertiginosas, pero llena su “Ucha” con fachadas y chapiteles modernistas que decoran y colorean el callejero. Aquí Callao no sirve café americano y muffins de importación, pero te despierta con café de Amador y churros de Bonilla. Aquí ella es de allí y allí ella es de aquí, la contradicción del exiliado que siempre está a camino entre sus raíces y sus esquejes.

Y así un hombre cualquiera inmortaliza los momentos que fueron presente para almacenar la felicidad que será reminiscencia.

domingo, 17 de agosto de 2025

Lo devastado del paisaje

Un hombre cualquiera se postra al el inhóspito paisaje y cubierto por un macabro confeti de ceniza.

Las briznas negras precipitan en una triste lluvia de lágrimas y cenizas. El ambiente está cargado de un humo agobiante que anuda la garganta y enrojece los ojos. Y después el perfil del horizonte se enluta, no por el contraluz del atardecer, sino por la huella del fuego. El verde se ennegrece. El agua se enturbia. La vida se muere. ¡(casi) Todos contra el fuego!

Monte arriba, bien alto, la atalaya se empodera al observar el todo. En el vacío de la nada, una moqueta de tizón y carbón acoge, entre rescoldos y ascuas, una larga mesa de castaño barnizado. Su brillantez le convierte en espejo del grisáceo cielo, de los borbotones de humo, de los ocupantes de las sillas y lo más importante de los respaldos de las sillas sin dueño. La silla presidencial se encuentra huérfana de cuerpo, por vacaciones, y de alma, por sin razón. La silla del consejero se quema por la incapacidad de su propio dueño. La silla de la UME sirve de descanso para un rostro cansado y tiznado de lucha. La silla del alcalde se encara de rabia, impotencia y cabreo. La silla del paisano es incapaz de sostener la tristeza de unos ojos agotados de llorar las pérdidas. Y, sobre todo, al girarse hacia la silla del voluntario cuya alma se escapa de las yemas de los dedos entre el invisible subir del humo. ¡Gracias!

Y así un hombre cualquiera se queda sin ánimo ni fuerzas ante la devastación.

domingo, 10 de agosto de 2025

Lo furtivo de la inconsciencia

Un hombre cualquiera recibe un chamuscado aroma al poner un pie en la comarca.

Al borde de un termómetro febril entre el incesante oleaje de calor, la vida sobrevive a las temperaturas a la espera de la aliviada brisa del norte. Pero el plan del resto de habitantes no era compartido por Lorenzo. Un hastiado personaje que agotaba su década de los cincuenta entre oscuros trapicheos, trastornos internos y trabajos de cuestionable moralidad. La derrota en varias batallas le encendía las entrañas y su rabia le ardía entre la mirada. Así con su escaso discernir nublado y su hambre de venganza a flor de piel se echó al monte. Allá se lanzó con la conciencia perturbada en su testa y un ansioso mechero en su bolsillo. La furtiva represalia y la inconsciente cavilación maridan en un caótico resultado. ¡Y el chispeante chasquido chiscó!

"Noche de San Lorenzo", un hombre cualquiera 

El hipnótico fuego en una encina le embelesó en el reflejo del retrovisor de su Ford Escort, antes de huir hacia otro bosque donde continuar con su particular escarnio. A pesar de tener ventanillas abiertas, el termómetro del coche alcanzaba los 30 grados y se visibilizaba en sus perladas sienes; resultado del ardiente ambiente y los culpables nervios. El improvisado guión incluyó unas lejanas luces azules que incrementaron las pulsaciones y el inesperado sonido del teléfono le revolvió sus adentros. Un preventivo mareo le pidió un impasse. Al entrar en el primer pueblo, aminoró la velocidad hasta frenar vehículo, cuerpo e ideas. El horizonte aún iluminado fue enviudando el cielo y con la ayuda de unos altos cirros y estratos, una tímida tormenta fue aterrizando sobre la luna del coche. Lorenzo amarrado a su volante se asomó buscando una señal a sus deseos en una fugaz perseida. La oscuridad dilató sus pupilas perdiéndose en una gruta sin salida.

Y así un hombre cualquiera se encomienda a la UME para salvar los paisajes, el patrimonio natural y el futuro de El Bierzo.

jueves, 7 de agosto de 2025

Lo amigable de las celebraciones

Un hombre cualquiera se despierta al ritmo de “Les enfants de la patrie”.

La habitación ondea entre reflejos azulados, una pureza blanquecina y pinceladas encarnadas. El sol atraviesa la afrancesada bandera izada en el balcón entre madroños, Retiros y Manzanares. Mar adentro de las cortinas, la somnolencia del despertar comienza con una desubicación temporal, pero, poco a poco, la conciencia va tomando tierra. La primera muestra de realidad se asoma desde un imantado portarretratos amarillo con una inmortalizada instantánea. Más allá, un pequeño jarrón con peonías, que embriagan de aroma con un primaveral recuerdo en pleno agosto. El mismo mes que aparece en el calendario del escritorio con notas y colores para recordar los planes por vivir antes de conquistar el álbum de recuerdos.

Algunos dibujos de sus artistas favoritas salpican la mesa, convirtiendo aquel rincón en un pequeño Louvre. Y un furtivo rayo de sol da en la clave del pentagrama para recordar las percutidas teclas de un piano que resonaban en el viejo hogar de Bordeaux. Quizás una prematura señal de la artista que estaba por llegar a la familia. Una familia que celebraría con la pasión de una victoria baloncestística la bondad de la noche antes de la llegada de Santa Claus. Y los regalos se van agolpando en las estanterías. Unos acolchados cojines de las familiares antípodas, un nacimiento labrado con el barro del Perú, unos plateados cubiertos que rememoran las meriendas en casa de la abuela y hasta una cigüeña con un mapa en sus alas para encontrar los lugares donde encontrar la felicidad. Una sutil brisa consigue vencer el pestillo de la puerta. Las vistas se colorean con globos y guirnaldas, "la vie en rose” comienza tras el rotundo descorchar del champagne y un dulce perfume a canalé que se corona por los encerados deseos por soplar.

Y así un hombre cualquiera se despereza para unirse a lo amigable de las celebraciones.

sábado, 26 de julio de 2025

Lo escalado de la nostalgia

Un hombre cualquiera recibe una postal amarillenta y nostálgica del concienciado rebelde 

La luz ilumina aunque las sombras dominan lo que antes no alcanzaban a oscurecer ni en plena madrugada. Los escalones ascienden aunque los pasos se inmovilicen ante lo allanado por las huellas que precedieron al camino. Los recuerdos se fraguan a los pilares ante el estúpido intento del borrado con aroma a recién pintado. Una inmortalizada estampa de la subida al Olimpo. Una escalonada meta de las bitácoras al cuaderno. Una nostálgica brújula de la razón al norte. ¡Y no sólo es una escalera! ¡Y no sólo fue una etapa! ¡Y no sólo será una morriña!.

Potente, 'Juancho'

El joven que habitó entre aquellos encalados muros dibujó el entramado de una Palestina libre. Su corazón palpitaba en el teñido rojo de las estrellas que se izan entre El Bierzo y el fin del mundo. Sus ideas fluyen en diagonal azul sobre blanco. Un grito le recuerda: Denantes mortos que escravos! Una alucinada alocución que alcanza a repetir y que le devuelve a otra realidad. Este hombre de visita entre polvorientas obras, descubre que las colchas intentan agazapar el paso del tiempo. Los peldaños se mantienen firmes para transitar a tiempos inefables. Y los cristales reflejan los rostros curtidos de tantas experiencias y mucha vida por disfrutar. Los relojes avanzan, las modas mudan, sólo los recuerdos perviven en las mentes que los hacen eternos.

Y así un hombre cualquiera evoca el pasado desde la nostalgia del presente.

viernes, 18 de julio de 2025

Lo victorioso de la derrota

Un hombre cualquiera descuelga el amoratado calendario con las historias escritas en rojo ayer. 

El mercurio de los termómetros se había atrincherado en una fiebre crónica. El pacífico ayer se asombraba por un oscuro mañana. Negras tormentas agitan los aires. Eso sí, de puertas hacia dentro en el presente, la única batalla que interesaba, era la batalla que esperaba alumbrar una Victoria rubia y de ojos verdes, como la verde albahaca. ¡Gritos! Llegaba de nalgas. Gasas, sábanas blancas, más agua caliente e higiénicas palanganas de porcelana acudían solícitas por aquel pasillo alto, encalado y larguísimo. ¡Silencio! Y el padre que no llega. ¡Más gritos! Y la criatura que se hace de rogar. ¡Dolor! Y la madre… preocupada, porque una madre se preocupa antes de llegar a tener a su hija entre sus brazos.

En el salón, el abuelo llama al ayuntamiento para alertar a su yerno de la cercana Victoria y, sin saberlo, para que le alerten como suegro de la lejana derrota. Se le hace un nudo en la garganta. Aún no habían rapado a la señá Cibeles y aún el morado se izaba contra el sol de cara. ¡Dolor! Y la madre sin saber nada. ¡Más gritos! Y la criatura que se desespera. ¡Silencio! Y el padre… ausente, porque un padre se ausenta después de partir sin tener a su hija entre sus brazos. Allí, en el despacho, el concejal de alma presente y aquí, el padre, en su alcoba, de cuerpo retratado. Él estaba atento desde aquella foto en la mesita de noche. Elegante de corbata lisa, con bigote prominente, alegría proclamada y hasta peinado hollywoodiense. ¿Quién le robó el mes de abril? El último empujón cerró la puerta de su despacho por última vez y el primer pestañeo despertó a la niña de sus ojos por vez primera.

Y así un hombre cualquiera se entristece con el aterrador eco de algunas fechas del calendario.

lunes, 14 de julio de 2025

Lo abanderado de los abrazos

Un hombre cualquiera observa curioso el escaparate de la Estafeta abanderado entre el verde pamplonés y la tricolor francesa con el bordado rezando San Fermín y 14 de julliet.

El calendario se viste de un festivo rojo dominical con la alegría huérfana de despertadores, la anecdótica sobremesa con aroma a paella y el atardecer con el esperado horizonte de una semana por vivir. Además, Amelie y Edith apuran el bocadillo antes de habitarse de blanco con pañuelo encarnado al cuello. Y con la promesa de mamá de dibujarse la tricolor sobre su rostro antes de encaminarse a la última noche de San Fermín. A punto de salir, Fermín aparece con unas copas con un refrescante champín para brindar por la patria chica, por la libertad, la igualdad y la fraternidad.

El reloj del ayuntamiento empieza la cuenta atrás para el ‘pobre de mí”, mientras la familia de Fermín y Margot toman posiciones con el alma de los sans culotes para la batalla. La última jornada de fuegos de artificio comienza a iluminar la ciudadela con las artificiosas estrellas fugaces para ilusionar a grandes y pequeños. El estruendo de la traca final se acompasa con los agitados corazones, nerviosos y ansiosos por entonar el final de la fiesta entre abrazos de propios y extraños.

Y así un hombre cualquiera entiende que los abrazos son el mástil donde se blande el verdadero sentido de la vida.


¿Y qué ocurrió otros 14 de julio?


domingo, 6 de julio de 2025

Lo redactado de las mandrágoras

Un hombre cualquiera admira a las vividas amistades que sobreviven al tiempo.

Las manecillas del tiempo atesoran los recuerdos, encalan las sienes y enraízan las mandrágoras. Lo místico de las logias y lo humano de los encuentros abarcan los bocetos de la nueva publicación. Entre ordenadores, faxes y plantillas, la redacción recrea un juego de niños. Allí, sus rizos azabaches se esculpen con el calculado Pantone que administra el tintero. Gota a gota, su estilográfica gestiona valores añadidos o añade valor a las gestas escritas. Y sin despeinarse más de lo habitual, entre cifras y letras, ha cuantificado y cualificado su cuaderno de bitácoras para alcanzar nuevos horizontes. De hecho, su mirada hace reverdecer las anécdotas entre los poemas de León Felipe y las novelas de Carmen Martín Gaite. Su pensamiento crítico ha negado los altivos cielos sobre los madroños. Su habilidad conversadora ha sobrevolado el rítmico giste del Blues. Y su inestimable compañía se siente incluso allende los mares de Castilla.

Allí, sus atornillados rizos son resorte e impulso para inspirar las hojas en blanco. A salvo de las deseosas llamas que iluminan en pleno julio y lejos de una redacción, donde ayer se enseñaba a escribir. Allí sus infinitos rizos recuerdan a los cables de teléfono a los que llamar en caso de urgente necesidad o de calmado entretenimiento.

Y así un hombre cualquiera afirma que el tiempo aviva la supervivencia de las amistades. 

lunes, 30 de junio de 2025

Lo concedido de los deseos

 Un hombre cualquiera desenvuelve la bandeja con la tarta, la corona con las velas y enciende los anhelos por alcanzar.

Al final del pasillo el bullicio se vuelve jolgorio ante la llegada del pastel. Las velas se reflejan en los deseos de sus acuosos ojos. Una llama que arde hasta teñirse en su mirada de miel. Dulce, florida y aliviante. Una desafinada coral pone su empeño por la causa. Y tras los aplausos… el silencio. Ojos cerrados. Mirada al interior. Y un soplido lento y pacífico convierte las llamas en fumata blanca. Deseo concedido, sin fecha, pero sin pausa.

Lo redondo de la cifra de las velas descansa entre sus dedos, que aún notan los rescoldos del incendio. Ella sabe que esa es una buena señal. El fuego purifica, hace renacer y da fuerza para disfrutar. Los iniciales acordes que emanan del altavoz le permiten observar unos segundos. Mientras los invitados danzan y ríen de una felicidad en un presente plural y en directo. Una suerte de tenerles y de que le tengan en sus vidas.

Y así un hombre cualquiera retrata lo celebrado entre sueños y pijamas

martes, 24 de junio de 2025

Lo ansiado de las señales

Un hombre cualquiera escribe sus deseos con buena letra y con fecha de caducidad.

El fuego se agazapa en el bolsillo. La madera se apila en el suelo. Y el atardecer se anochece en el horizonte. Todos acuden con el ansia de la tradición. Y, en concreto, el joven Juan acude expectante y nervioso con sus deseos manuscritos y sus esperanzas palpitantes. Los sueños de las próximas noches de verano dependen de la magia que emane de lo que hoy ocurra.

Las pupilas reflejan el chisporroteante encendido de la hoguera, que acalora el ambiente y prende la mecha de lo deseado. Lo flambeado de la llama se calma por unos segundos, hasta que la madera se envuelve en lo purificador del infierno. El angelical rostro de Juan, barbado para disimular los años e inocente ante la frontera de la madurez, disimula con una sonrisa el tembleque de conseguir sus aspiraciones. Al otro lado de la anaranjada lumbre, su deseo se materializa en una melena rubia, una geografía curvada y una azulada mirada en la que zambuillirse. Aquella señal le hace a Juan rebuscar su deseo redactado para arrugarlo antes de quemarlo. Casi sin alcanzar las ascuas, la llama devora el deseo para purificarlo en ceniza y humo. Al alzar su vista al frente, sus miradas se conceden su primer amor de verano. Acalorado, imborrable y frugal.

Y así un hombre cualquiera lee lo incaducable de la eternidad con una letra ilegible.

domingo, 15 de junio de 2025

Lo abanderado del arcoiris

Un hombre cualquiera observa el balcón de Gloria y María abanderado de arcoiris sin caducidad por el marketing y el calendario.

La ventana entreabierta emite las risas y el júbilo de Vera y sus mamás. Más allá del arcoiris parecen habitar los momentos que llenan el álbum de recuerdos. Y, también, un aroma de domingo a churros recién llegados de la glorieta de Marqués de Vadillo. Los que ha comprado María. En el salón le esperaba una sorpresa mayúscula. Gloria había dado un gran paso en su madurez. Le había legado a Vera su colección de peluches de Barrio Sésamo y formarían parte, a partir de entonces, del acolchado paraíso de cojines y muñecos de la habitación de Vera. Pero antes de facilitarle aquella valiosa herencia, han creado una performance en el salón para sorprender a mami.

Primero sentaron a los muñecos en el sofá por colores. Un pantone mullido en technicolor. Después Gloria le pidió a su pequeña que se fijará en la bandera del balcón. Y, por último, fueron cogiendo por las manos a los muñecos que compartían tonalidad. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul y morado. Al conseguirlo ambas se miraron y se rieron cómplices de aquel izado improvisado de valores. El cascabel del llavero de mami les advirtió de su llegada y se sentaron a cada lado de los muñecos con la preparación necesaria para gritar: ¡Sorpresa! María, asustada por el vocerío abrió los ojos y se abrazó al engrasado desayuno dominical. Unos segundos para observar y entender lo que sus ojos tenían frente así. Los conceptos fueron encajándose. El regalo a su hija, el recuerdo a su lucha y el futuro a su presente. Libertad, igualdad y fraternidad.

Y así un hombre cualquiera reduce sus prisas para imaginar las vidas que abanderan balcones con el izado de arcoiris.


Una iniciativa para mostrar el orgullo del barrio sésamo..

lunes, 2 de junio de 2025

Lo inconfundible de los extraordinarios

Un hombre cualquiera tiene la innata capacidad de toparse con humanos extraordinarios y hombres inconfundibles entre los veraniegos atardeceres sobre las Médulas y las otoñadas pintorescas de El Bierzo.

Las imágenes crean recuerdos, evocan lugares e inmortalizan personas. Esta afirmación define al retratista de vivencias. Y, la verdad, la vida es el instante en que un abejorro liba el aromático licor de una rosa. La vida es el punto exacto de maduración de las uvas entre los cuidados sarmientos. La vida es un fotograma de Marlon Brando en una mansión de gángsters. La vida es el vuelo de un cuervo sobre una novela de Edgar Allan Poe. La vida es una ola que te hace perder la visión que tenías hasta ese momento. La vida es…

Una botella de godello recién descorchada para conversar sobre lo divino y lo humano, lo inmaterial y lo artesanal. Y seguir hablando hasta que los fuegos artificiales se conviertan en estrellas fugaces sobre el Sil o que el amanecer asombre a la atalaya hecha de Encina. Al final las palabras imprimen álbumes sonoros de divertidas risas escandalosas, emocionados discursos volantes, el dulce tintineo de la cuchara en el tiramisú, el rasgado vuelo de una firma, el horripilante grito de una sirena varada, el bravo bullicio pantagruélico, el descansado silencio cacereño en la hora de la siesta, el taconeo de los hielos contra el jengibre, el baile de naipes en la partida, una graciosa nota desafinada en el karaoke o, por ejemplo, el presionado click de la cámara de fotografía para alcanzar la ansiada eternidad.

Y así un hombre cualquiera hace hueco en la estantería para nuevos álbumes que retratan lo inconfundible de los extraordinarios.

Y aquí se reúne lo inconfundible de los extraordinarios:

El mafioso polaco

El tertuliano de las antípodas

El buenhumorado sureño

El arquitecto de utopías

El sosegado rebelde

El dueño del bigote

El fan de los festivales

El compositor de los vuelos

El coleccionista de cómics 

El mañoso baturro

El concienciado rebelde

El viajero céltico 




jueves, 15 de mayo de 2025

Lo chico de los carteles

Un hombre cualquiera se encamina a la pradera con chaleco, parpusa, barba canosa y un clavel ajado en la solapa de la mano de sus chulapas.

El autobús urbano avanza por la avenida a reventar, como los pétalos de un clavel carmesí en mayo. Los cuatro gatos se acompañan de felinos ibéricos y de ultramar sin diferencias por color de piel, religión o sexo. Al llegar a la parada de la plaza de Marqués de Vadillo, el organillo se fusiona con el autotune y los ritmos del K-pop. La cultura castiza se hereda o se aprehende por osmosis con la parpusa o por los pasos amateurs de un chotis. El jolgorio chulapo vibra bajo los pinos, los banderines y los toldos de los puestos de listas y tontas. Allí, Manuela atiende a los clientes. Elegante con lunares en su vestido, florida con clavel entre sus canas y feliz de sumar un cartel más a su colección. Siempre con su Mercedes en el recuerdo. Junto a sus listas y tontas ha colocado el cartel del Señor Llama (adaptado a su edad, como dice entre risas) con el horizonte de las Vistillas. Una imagen similar a la que tiene Paco, mientras fotografía a Almudena y Victoria a la vera de la Violetera. Aunque hoy debería llamarse excepcionalmente la “Clavetera”, porque cuenta con un ramo de claveles que un fan anónimo le ha regalado. La instantánea de madre e hija se la enseñaran a las abuelas y abuelos de la residencia a su vuelta a Vallecas. Este año la fiesta la celebrará con la familia de mayores en el turno de tarde.

Antes de que la tarde se llene de sobremesas y siestas, Lili y Néstor se hacen sus últimas fotos de boda en la Plaza Mayor. Un amigo fotógrafo les ha regalado un reportaje castizo, tras las nupcias en la víspera de San Isidro. Con la ayuda de un dron la pareja posa con un apasionado beso, rodeados de parejas en movimiento bailando un chotis y hasta Felipe III sonríe de soslayo. Tras está última foto, se retiran a descansar junto a Rocín y Flaca que ayer portaban los anillos y allí prepararán las maletas para la luna de miel en las tierras del tatuado chulapo. Seguramente que en su camino de vuelta a casa se cruzarán con la pecosa Gloria y la sonriente María, que van de camino al Matadero. Deben cumplir con la promesa hecha a Vera de llevarle una rosquilla a Mafalda, que desde hace unos meses habita junto a la Casa del Lector. La sonrisa de la pequeña al acercarse a la heredera de Quino contagia a sus madres, sorprendidas porque alguien cubrió la cabeza de la estatua con un pañuelo blanco y un clavel rojo

Y así un hombre cualquiera se inmortaliza con la emperatriz berciana y la heredera del imperio con el recuerdo de los amigos de siempre de la pradera.


Inspiración castiza con Mercedes deBellard

¿Te acuerdas de otros San Isidro?

domingo, 4 de mayo de 2025

Lo abrazado de lo materno

Un hijo cualquiera recuerda que su primera palabra fue, indudablemente, mamá.

Cada madre esboza y dibuja la maternidad con el sentido que piensa en su corazón y con el pensamiento que siente en su cerebro. Hay madres que descifran los ilegibles mensajes de las recetas para sanar y curar ante las adversidades. Hay madres que aprenden y enseñan cada día para conectarse a mundos cercanos y desconocidos. Hay madres que son espejo al reflejarse y son reflejo empático al mirarse. Hay madres que colorean horizontes azules, brindis dorados y estrellas rojas. Hay madres que se resguardan de tormentas a la espera del colorido arco da vella. Hay madres que ajustan artículos en femenino plural. Hay madres que acentúan la igualdad para crear a los hombres del futuro. Hay madres que ganan carreras deportivas, profesionales y vitales. Hay madres que se cuidan para no descuidar de los suyos. Hay madres que te gestionan el Euríbor, te administran la cesta de la compra y te calculan el valor de las caricias. Hay madres que sienten por Serrano, que versan por Sabina y que alegran por Carrá. Hay madres de hermanas que viven en casas distintas. Hay madres que inestimablemente engalanan sus álbumes de recuerdos. Hay madres…

Todas estos consejos de la maternidad se heredan de los abrazos de las madres que nos parieron. Las que convierten los mandiles en acogedor hogar y heroica defensa. Las que vacían el tintero con el colorido vuelo carmesí de las bolboretas. Las que recetan apetitosos horneados para alimentar el hambre y el alma. Las que imaginaba disfraces para hacer los cuentos realidad. Las que amasan el pan nuestro de cada vida. Las que inmortalizan lo vivido. Las que sueñan en pijama para despertarse en un sueño. Y que acaban acolchando lo materno que se atesora en los abrazos.

Y así un hijo cualquiera recuerda que no solo el primer domingo de mayo es el día de la madre.

viernes, 25 de abril de 2025

Lo inmóvil de lo retratado

Un hombre cualquiera encuentra una fotografía por casualidad en medio del aburrimiento de navegar sobre el smartphone en el sofá.

La incesante inmediatez del mundo, a veces, te deja una pausa inesperada, un respiro tranquilo y un instante mientras los turistas se van. Quizás el tranvía acaba de partir o la casual orfandad de los pasos deja desierta la acera. Ahí construida sobre huellas invisibles, esa parcela de acera brota en una floristería. Unos llamativos cubos rojos. Un aroma a verde recién cortado. Y un toldo azul del Atlántico omnipresente. Los colores primarios se mezclan y agregan en el arcoiris del delantal que uniforma a Paulo con pacíficos galones.

Arriba. Un amarillento letrero grita en silencio: ‘Municiones abril’. Abajo. Un pelotón de rosas, claveles y margaritas apuntan sin piedad a las quince letras indefensas. ¡Alto! Los sinuosos pétalos estallaban en amarillos, blancos, corales y encarnados; colores amarrados a unos tallos disparados desde unos encañonados jarrones negros. ¡Fuego! Lo inmóvil de lo retratado se imprime en la memoria para no olvidar el 25 de abril.

Y así un hombre cualquiera carga la imagen para disparar al olvido.

lunes, 14 de abril de 2025

Lo rubio del brezo

Un hombre cualquiera recibe el nostálgico mensaje primaveral, dictado por el franqueo pagado y huérfano de puño y letra.

El sol de abril alumbra los paisajes de Los Ancares sin negras tormentas ni nubes oscuras agitando los aires. Cimas desgastadas y frescor primaveral. La matinal paz no desoye las terrenales raíces. Las que los uniformes adoquinaron con lápidas invisibles y que, llegan hasta hoy, desentrañando la pena de un largo y frío invierno. Deshielos invernales y floración en verticilos. Aún así, la vida esférica y fresca se posa sobre hojas y pétalos por el rocío de la mañana. Y, poco a poco, diluye el blanco y negro del pasado con el destilado morado de las banderas. Una invasión silenciosa que adorna y pinta las pendientes y cuestas con el republicano brezo rubio. Sus tonalidades visten laderas y reescriben los vacíos de lo asombrado de la Historia.

En mitad de la pradera, Violeta con su falda amarilla y su camisa blanca recolecta flores y brotes. Los envuelve con la misma y desgastada tela cada año. La misma que abandera a los caídos y que se iza con los valores que algunos intentaron enterrar. Pero, contra viento y marea, aquellas semillas germinan con el rumor de las proclamas de Riego y con la engolada entonación de Azaña, cuando la brisa de sus palabras hace blandir el calendario cada 14 de abril. Y sin saber dónde descansan sus familiares, la falda de Violeta ondea hacia las cumbres, flotando entre el brezo rubio, para acariciar las almas que hacen florecer al valle. Un valle regado por las lágrimas de los que les añoran y que les reviven en la memoria, como si nunca hubiera existido la sinrazón.

Y así un hombre cualquiera transmite el mensaje para corresponder a los que aún siguen esperando a la izquierda de las cunetas.

domingo, 13 de abril de 2025

Lo alcanzado del júbilo

Un hombre cualquiera encuentra entre nieblas y verdor primaveral un lugar encantado por meigas y liberado de urkos.

Las bombillas iluminan con la veraniega nocturnidad de las luciérnagas, los banderines están izados con la laureada victoria de las guerreras y el confetti planea ingrávido ante los alegres bailes inconscientes del marcial paso del minutero. Las fotografías cincelan recuerdos, los ritmos rescatan momentos y los abrazos acolchan distancias. En mitad del jolgorio las velas culminan la tarta de camino a sus deseos.

El cuatro y el cero arden en deseos ante amigos y familiares. Cada invitado observa a la homenajeada con la memoria rebuscando en aquel instante que sus vidas se encontraron, aquel primer café que compartieron o aquella foto que inmortaliza su amistad. Al soplar la anaranjada llama, el júbilo sonrió en los labios, vociferó en las gargantas, acarició en los abrazos, emocionó en los lacrimales y evocó en el aroma hasta alcanzar lo imperceptible de la felicidad.

Y así un hombre cualquiera adquiere un conjuro de estraperlo para convertir en eterna a la embajadora de la city.

domingo, 23 de marzo de 2025

Lo encarcelado de la memoria

Un hombre cualquiera se queda perplejo ante los gritos que salen del despacho.

Un grupo de turistas desoyen desatentamente al guía que les cuenta la historia de la fachada plateresca de San Marcos. Los gritos que salen por el balcón despiertan del Stendhal a cualquiera. Y eso que el grupo de turistas franceses no entiende nada, pero el alboroto impide seguir con la visita. La situación se vuelve más surrealista cuando un hombre vestido con un pantalón, camiseta y gorro a rayas blancas y negras se apoya en la barandilla pidiendo auxilio. Lo pálido de su rostro parece que un fantasma se le hubiera aparecido.

Y nada más lejos de la realidad. No fue uno, sino decenas de fantasmas los que se le aparecieron en el despacho del director del parador de León. Rostros desencajados, brazos magullados y cuerpos empapados hasta la cintura. Las almas vestidas con desgajadas y sucias ropas coincidían en su truncada libertad y con unos carteles grapados con su nombre, su fecha de nacimiento y un código de preso. Obviamente, no eran fantasmas. Estos supuestos espectros eran en realidad familiares de los presos republicanos que sufrieron sus sumarisimas condenas y sus deshumanizados encarcelamientos por sus ideas y sus luchas por el progreso y la democracia durante la guerra civil y el régimen en los sótanos del actual edificio. Ante la desafortunada iniciativa del disfraz de preso para la fiesta del carnaval propuesta por la dirección del hostal, estos familiares quisieron darle una lección de Historia, humanidad y respeto al director. Una lección que se convirtió en susto y vergüenza, al verse preso en la antigua cárcel de San Marcos. Una lección de vida para pensarse en el futuro, más de una vez, que la memoria histórica no es un capricho, sino una obligatoria necesidad dados los tiempos que corren.

Y así un hombre cualquiera sentado junto al peregrino del crucero resarce a los que ya no están con su recuerdo.

sábado, 8 de marzo de 2025

Lo virtuoso de los defectos

 Un hombre cualquiera se despierta en mitad de la noche por un grito noctámbulo y alevoso.

Al abrir los ojos, el techo se convierte en translúcido sobre el lecho. Una pantalla horizontal sobre una vida cansada de intentar ascender en una verticalidad imposible de escalar. Esa vida es la de Violeta la preparadísima vecina con dos carreras, tres máster, dos idiomas y un currículum envidiable. Además, ella es una mujer valiente, con una destacada conciencia social, amigable, con una lucha contra las injusticias, familiar, con una responsabilidad por el trabajo bien hecho y libre. Pero, tiene un gran defecto. Una característica inoportuna y rechazada por sus jefes y compañeros. Una condición insalvable para crecer y destacar. Simplemente, ser mujer.

Esta fortaleza le enorgullece y le identifica con una forma de vida, una visión del mundo y una posición de construcción de ideales y horizontes. Pero el invisible peso del techo de cristal llena sus jornadas laborales en desmotivadoras y relegadas tareas a su supuesta posición. Pero las vueltas a casa en plena noche le acechan monstruos sin escrúpulos y sin humanidad. Pero su libre forma de vestir se desluce por miradas juiciosas y doctrinales. Pero su atrevida actitud para alzar su voz se ensordece por discursos antiguos y retrógrados. Pero el disfrute de su sexualidad se enturbia por el modelo casto y moralista bajo palio y mantilla. Y, sin embargo, lo seguirá intentando, lo seguirá haciendo, lo seguirá vistiendo, lo seguirá defendiendo y lo seguirá siendo. Ser violeta, sin calendarios impostados ni apariencias construidas.

Y así un hombre cualquiera no logra volver a conciliar el sueño por empatía a miedos desbloqueados.

domingo, 23 de febrero de 2025

Lo residual de la historia

Un hombre cualquiera rebusca en las papeleras de la Historia para encontrar pequeños tesoros escondidos.

Las inescrutables casualidades de la vida pueden evitar que estés presente en cualquier hecho que pueda rellenar los libros de texto de Historia; o te pueden situar en todos los eventos históricos contemporáneos, como a la familia Alcántara de Cuéntame. Cómo por ejemplo, un operario del ayuntamiento de Madrid que acude a realizar sus rutinarias tareas de limpieza y recogida de basuras. Una labor invisible, pero imprescindible, que comienza a media tarde para agazaparse, después, a la sombra de la noche.

Aquel 23 de febrero, treinta y tres minutos después de la llegada de los tricornios al Congreso, Paco García entra a las instalaciones municipales para preparar la maquinaria de la recogida de residuos, mientras la ciudad somnolienta, un lunes cualquiera, se prepararía para planchar la oreja. Aunque esa noche, las arrugas del pabellón auditivo se atrincheraron tras los transistores para luchar contra lo radiado de las pesadillas. El averiado dial del camión evade a Paco de los miedos colectivos. Los disparos en las cornisas del hemiciclo, los tanques en las calles de Valencia o los nervios en las estancias de Zarzuela. Ya entrada la madrugada, Paco alcanza, al final de un camino asfaltado, los últimos contenedores. El metálico ruido de sus tareas brama en plena oscuridad hasta recuperar el silencio al calarse su vehículo. Y, entonces, unos gritos le frenan de arrancar nuevamente. Mira al frente y varias ventanas del edificio que tiene delante se encienden. Las medidas de seguridad le impiden saciar su curiosidad y arranca para seguir con su recorrido. Dentro del palacio, la reina alterada por la situación y autosugestionada por los ruidos cree que atacaban su real casa. Un recuerdo desbloqueado de otro lugar y otro tiempo; cuando los coroneles dictaron el exilio de su hermano Constantino del Olimpo griego.

Y así un hombre cualquiera entiende que, a veces, los tesoros se traspapelan entre los documentos clasificados.


miércoles, 19 de febrero de 2025

Lo inolvidable de las estampas

Un hombre cualquiera celebra la amistad que madura desde la infancia y que perdura en el calendario.

Y en el cuaderno de bitácoras que sirve de mapa vital para volver a recordarse sin importar el número de décadas compartidas. El tiempo imprime creativas estampas cosidas por las manecillas del reloj. Una tortuga gigante entre pupitres recién estrenados. Un león llamado Felipe rodeado de poemas. Un barco lleno de cámaras para inmortalizar una ciudad con calles construidas de agua. Un huerto florecido de alegres girasoles en pleno verano. Una postal con acento italiano repleta de aventuras de la Dolce Vita

Pero, además, los coloridos hilos repintan el sepia de las estampas con cada reencuentro. Un discurso adornado de lentejuelas para reflejar la felicidad. Una princesa rusa, Kira Romanov, bailando al ritmo del mismísimo Elvis. Un vestido blanco para anillar el futuro. Una acolchada carroza de pañales de regalo de bienvenida. Y, obviamente, una impuntual quedada, como si nunca pasara el tiempo.  

Y así un hombre cualquiera no cuenta prendidas velas sobre la tarta, sino inolvidables momentos sobre la memoria.

viernes, 14 de febrero de 2025

Lo anhelado de los viernes

Un hombre cualquiera descubre que ha llegado a la tarde del viernes.

La tarde del viernes es un viaje a casa para disfrutar en familia. La tarde del viernes es una conversación con álbumes de fotos, anécdotas y palomitas. La tarde del viernes es la libertad de todo un fin de semana por delante sin prisas. La tarde del viernes es un plan improvisado que se convierte en inolvidable. La tarde del viernes es una casa recién estrenada con vistas al futuro. La tarde del viernes es canturrear una canción y acabar bailando en plena calle. 

La tarde del viernes es un amanecer sin despertador para retozar sin urgencias ni prisas. La tarde del viernes es abrazarse sin fecha de caducidad. La tarde del viernes es ese momento mientras los turistas se van y disfrutas de vuestro presente. La tarde del viernes es un paseo en bicicleta al aterdecer. La tarde del viernes es, sin duda, recaudar recuerdos por el interés de vivir extraordinarios momentos en la pacifica cotidianidad, junto a la soñadora en pijama.

Y así un hombre cualquiera espera ansioso la celebración del 14 de febrero, como si fuera la tarde del viernes

sábado, 8 de febrero de 2025

Lo señalado de los caminos

Un hombre cualquiera entiende que la felicidad está desperdigada por el mundo en recuerdos, lugares y, especialmente, en personas.

¿Cómo encontrar la felicidad? Pulgarcito dejaba migas de pan. Los peregrinos buscaban flechas amarillas. Los romanos diseñaban calzadas. Y hay quien recaudaba palillos para encontrar y marcar en el mapa los caminos que llevan a la felicidad. Un mapa del tesoro que lleva a personas inolvidables, llega a lugares disfrutados o rescata recuerdos eternos. Y todos ellos vienen a la mente con una inapreciable sensación del día a día que los puede evocar de repente. El refrescante sabor de una cerveza. Un lluvioso día de paraguas. Un esperanzador ‘malo será’ de una conversación. Un retrovisor cerrado del coche. Unas imprevistas plumas de pato. Una palabra compartida de un discurso. Una fotografía enmarcada de regalo. O un nombre oriundo de los Ancares.

Quizá esos palillos son picas o señales para volver a andar los caminos y volver… Volver a encontrar incógnitas dibujadas en los rostros. Volver a encontrarse con menos juventud y más experiencia entre los pupitres. Volver a encontrarse con pacíficos guerreros de Xian. Volver a encontrarse bajo el vuelo del botafumeiro con las huellas bien amarradas en la tierra. Volver a encontrarse con los aires de Eire en plena leira. Volver a encontrarse entre nupciales templarios de leyenda. En fin… sea como fuere y sea donde se pueda, volver a encontrarse para atesorar más palillos y ampliar los caminos que rezuman felicidad.

Y así un hombre cualquiera emprende planes para crear más recuerdos, descubrir nuevos lugares y reencontrarse con las personas de siempre.

martes, 28 de enero de 2025

Lo iniciático de Finisterre

 Un hombre cualquiera encuentra un álbum de fotos que le rejuvenece entre sonrisas y anécdotas.

Allí las velas iluminan los caminos. Los caminos dibujan las flechas. Las flechas amarillean las estrellas. Las estrellas dirigen los destinos. Los destinos marcan los calendarios. Allí los calendarios encienden las velas. ¡Y la bandera de meta se convierte en pistoletazo de salida! Pero, ¿A dónde ir? A veces, ni los mapas, ni las brújulas saben guiar en la vida, pero siempre hay una mano amiga que te aprieta y ayuda en mitad de la nada. No hacen falta lazos genealógicos, ni contratos sellados, sólo se necesita una llamada terapéutica, un mensaje sincero o un abrazo acolchado. Y entonces, Finisterre no es el fin del mundo, sino un nuevo horizonte por alcanzar. 

Y la compostelana es un pasaporte sobre los lugares que atesoraron la inconsciente felicidad de la juventud. Pupitres con espíritu de escaños. Plazas con petrificados recuerdos. Enlaces con amor de verdad. Refugios con cartas enxebres de menú. Reencuentros con peregrinos del mundo. Locales con mágicos brebajes de pecoras. Y desconocidos convertidos en amigos más de veinte años después.

Y así un hombre cualquiera rescata el álbum para continuar con nuevas anécdotas y nuevas sonrisas. 


domingo, 5 de enero de 2025

Lo habitado de los reyes

Un hombre cualquiera se despierta con la ilusión renovada y el rostro imberbe.

Afuera la niebla y el frío condensan de una acuosa ensoñación la ventana. Una reminiscencia consciente de otro tiempo y lugar o, quizá, es la repetición distinta, pero similar de las historias vividas. ¡Tic tac! El ritmo del reloj del pasillo se propaga por la casa. Un cuidadoso despertador que promueve la conciencia de la vida y del calendario. De repente, un pensamiento se apodera de la razón y los párpados abandonan el letargo con diurnidad y lealtad a la ilusión. Al mismo tiempo unos pasos en calcetines se acercan a la habitación: “Papá, ¡han venido los reyes”.

La calma se alboroza y el silencio se alarma. Las camas se vacían y la ilusión invade recovecos y estancias. Al levantar la persiana el árbol custodia los tesoros envueltos y enlazados. La claridad alumbra la desaparición de los víveres de agradecimiento para majestades y camellos. La familia se arremolina en la alfombra para abrir regalos y compartir la sorpresa que se activa al rasgar el papel y deshacer los lazos. Por un momento, el padre se fija en el espejo del mueble. Allí inmortaliza la estampa de la mañana de Reyes. Él se reconoce, a pesar del tiempo, en el niño feliz que le devuelve la mirada. También descubre en los ojos marrones y la melena castaña a la niña que juega junto a su hijo. Sin duda es un momento, quizá décimas de segundo, pero la mañana de Reyes nos rejuvenece e ilusiona, porque la mañana de Reyes está habitada por los niños que fuimos.

Y así un hombre cualquiera se despereza con su devuelta condición paternal y la áspera sombra de barba renaciendo en su cara.

viernes, 3 de enero de 2025

Lo desproporcional de los propósitos

Un hombre cualquiera intenta deshacerse de los despropósitos contra los que se debe construir la vida.

La miope perspectiva del terraplanista. La torpe conversación del cuñado. La rabia envidiosa del egoísta. La contaminada opinión del negacionista. La embarrada ignorancia del influenciable. El ansioso nerviosismo del alarmista. La oscuridad sórdida del negativo. La incapacidad manifiesta del inútil. El cautivo miedoso ante la libertad. El inmerecido progreso del trepa. La triste insensibilidad del deshumanizado.

La crónica ceguera ante el visionario. La sinrazón del lunático. El fundido a negro del farero. Las segundas partes sin argumento. La irreflexión ante los puntos suspensivos. El cárnico deseo del vegetariano y el reverdecer incongruente del carnívoro. El imposible orden del anarquista. El artificial comportamiento del falso. El agónico érase una vez y el interminable final con secuelas.

Y así un hombre cualquiera se propone desprenderse de los despropósitos que se propagan desproporcionadamente.