martes, 25 de agosto de 2026

Lo transparente de la pecera

Un hombre cualquiera acude con bañador, toalla y crema a la piscina.

El jaleo de chapoteos, chanzas y chapuzones se extiende sobre el desierto de toallas bajo el sol. Y a unos escasos metros, el espejismo se liquida sin genios, ni maldiciones. Un escenario estival ajeno a las prisas del día a día, que se salpica con instantáneas de saltos, brazadas y flotadores. En medio de la postal vacacional, la nadadora observa el ecosistema acuático, mientras se dora al borde del bronceado bordillo. El collage de movimientos le convierte en una fotografía fija, a partir de su mirada tranquila y el gesto relajado. El agua se mimetiza con su acuario interior. Una pecera cada vez más transparente, donde lo colorido de los peces alegran las sonrisas de los que la miran y su alma se alimenta de las sonrisas que recibe.

Y sobre la superficie… la nadadora imagina nuevos caminos con flechas amarillas, perdiendo el moreno de su melena por el colorido corte a lo gar¢on. Más que un peinado, una declaración de intenciones para fortalecer las líneas rojas, eliminar la encarnada vergüenza por pasos al frente y enmarcar entre sus rojizos labios las ideas que palpitan por sus pulsos. Sin previo aviso, se levanta firme y decidida. Los escalones reciben la credencial de sus huellas peregrinas, hasta alcanzar la cumbre del tobogán. Valiente y segura de sí misma, se sienta, toma aire y se lanza… al salir de las profundidades su mirada se observa más experimentada y la sonrisa se dibuja más vivaz.

Y así un hombre cualquiera se seca y se va de la piscina con la energía renovada y el ánimo reconfortado.

martes, 18 de agosto de 2026

Lo eterno de la poesía

Un hombre cualquiera acude en solemne cortejo por la empedrada villa y corte.

Volver a pasear entre las letras y los Austrias. Volver a la vida en perfecto verso. Volver a habitar entre las bambalinas de la Barraca. Volver… porque ellos no ganaron, porque los libros de texto le convirtieron en Historia, porque le asesinaron, pero no le mataron. Y así, vivo vuelve a sentir el vientecillo democrático, se le vuelven a erizar los vellos sobre sus pulsos y las musas le vuelven a acariciar la imaginación de sus sienes. Sin bendiciones, ni palio partirá en procesión santificado por los óleos de la cultura y el civismo. En un Madrid amnésico de guerras imborrables y cosido por la transición, atada, bien atada, con hilos negros, azules y rojigualdos, Federico camina con lo multicolor de su sentir, avanza por el impulso de sus rojos latidos y el pacífico blanco de sus ideas…

A pie de calle será un García cualquiera entre el común de los mortales, pero convertido en el eterno Lorca por el imaginario colectivo. El poeta que describió lo versado de Nueva York, el que ratificó lo gitano de los romanceros y el que le puso letra a los ritmos de Camarón. ¡Federico vive! Se escucha con júbilo por los madriles. ¡Viva Lorca! Se proclama a voz en grito desde las entrañas de las gargantas. No hay hueco para el silencio. Los aplausos resuenan a alegría por las calles y la primavera tricolor hierve en pleno agosto. Y al final, frente al teatro, Federico García Lorca vuelve a abrazar una alondra para alcanzar el renacimiento y la luz, después de 90 años del día que la poética libertad murió por el fuego de la caótica sinrazón.

Y así un hombre cualquiera resarce la injusticia con lo necesario de los homenajes.