Un hombre cualquiera se encuentra con un dilema entre vivir en un edificio majestuoso o vivir en un edificio decrépito con vistas a algún edificio monumental.
Levantado frente a la ventana encuentra una visión equitativa del exterior. El alféizar y los cercos enmarcan el exterior partido a partes iguales por el horizonte. La dantesca escena separa el cielo y el consecuente infierno. Un símil visual que resume las posibilidades del diagnóstico anunciado a primera hora de la mañana.
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| 'Horizonte', A.V.M. |
Aún se notaba el aroma a desinfectante y alcohol de curar del médico y el rítmico trasiego del pasillo se silenció con el ensimismamiento con la instantánea del ventanal. La descripción del facultativo y sus comentarios aún resonaban como un eco interminable. ‘Estas consecuencias las sufrirá el resto de su vida’. ‘Tendrá días buenos, malos y horribles’. ‘Sufrirá de insomnio intermitente’. No había más que hacer, solo esperar al resultado final. Por los laberínticos pasillos del hospital un llanto le alertó de que la prueba había sido satisfactoria. Aunque él se agotaba ante la eternidad de la espera en la habitación.El reloj se ralentizaba ante la necesidad de respuestas… Hasta que la puerta de la habitación se abrió y una Ángela, sin alas, le dió la enhorabuena y le acompañó hasta la unidad de recién nacidos.
Y así un hombre cualquiera resuelve el dilema al advertir la necesidad fundamental de vivir.
