viernes, 15 de mayo de 2026

Lo iluminado de los carteles

Un hombre cualquiera se encamina a la pradera con chaleco, parpusa, barba más canosa y un clavel ajado en la solapa de la mano de sus chulapas.

El autobús urbano avanza por la avenida, que está hasta los banderines de fiesta. Los cuatro gatos se acompañan de felinos siameses, bengalíes, himalayos, cartujos, abisinios, egipcios y hasta siberianos. Al llegar a la parada de la plaza de Marqués de Vadillo, el tradicional organillo se fusiona con ritmos latinos y sonidos coreanos. A pesar de las innovaciones, la cultura castiza se hereda o se enseña en familia con el abrazo de los mantones y a la sombra de las parpusas. Un dulce recuerdo que se saborea con el tiempo y que se rememora al morder una lista o una tonta recién compradas en el puesto de Manuela. Allí está ella. Moderna con chaleco, primaveral con clavel y experimentada con el peinado plateado. En el puesto se iza el cartel “Florisdo” por su artista y repleto de guiños a la ermita, al barquillero, a la música de concierto y organillo y a un San Isidro moderno con luz propia. La tendera se recuerda en la protagonista, abrazada a un amor de una noche de chulapos de su juventud. La misma juventud que Victoria derrocha entre sus lunares hilados por el orgullo de su madre, Almudena. Una madre que ha confeccionado el chulapo vestido con la Singer que le pidió su amado, Paco, en la carta a los reyes magos. Tras varios pespuntes, un aprieta aquí y un dobladillo allá… la pasarela de verde pradera le inmortaliza su creación modista y su recreación modesta entre puestos, recreativos y chotis. Aunque la exclusiva la tuvieron las abuelas y abuelos de la residencia de Vallecas, durante el aperitivo festivo con la familia de mayores en el turno de mañana.

Tras las sobremesas y las siestas, Rocín y Flaca pasean a sus dueños, Lili y Néstor, en las postrimerías del Manzanares para sentir la fiesta, sin sufrirla tan cerca. Y así llegan al azulado y letrado cartel de Madrid, junto a su majestad el Príncipe Pío, para inmortalizar el horizonte palaciego con vistillas a la celebración. Y posan para un selfie. Ella le abraza con su mantón oriental y él le tatúa una sonrisa entre sus dos mascotas cancerberas. Las que olisquean el lejano dulzón de las manzanas de caramelo, el aroma de las palomitas y el acolchado algodón de azúcar. Los productos que observa Vera entre sus madres, la pecosa Gloria y la sonriente María, delante de un extraordinario puesto de delicias, justo antes de que las luces de colores y farolillos iluminen la noche de la celebración. Los neones de las atracciones y las bombillas multicolores se reflejan en las pupilas de la pequeña, detrás de un cucurucho de churros para amenizar la espera hasta los fuegos artificiales. 

Y así un hombre cualquiera, junto con la emperatriz berciana y la heredera del imperio, sonríen con el ascenso del primer cohete para reescribir “de la pradera al cielo”.


Inspiración castiza con Mercedes deBellard

¿Te acuerdas de otros San Isidro?

domingo, 3 de mayo de 2026

Lo coloreado de lo materno

Un hijo cualquiera recuerda que su primera palabra fue, indudablemente, mamá.

Cada madre esboza y dibuja la maternidad sobre la inmensidad de un lienzo de retazos, parches y ampliaciones. Hay madres capaces de leer el ilegible futuro sobre el horizonte entre el mar y el cielo. Hay madres que compran nuevas pinturas para planear una vida por imaginar. Hay madres que repintan sus patrias de acogedor futuro. Hay madres que reflejan lo dorado de la balanza para enseñar el valor de la justicia. Hay madres que consiguen arrebatar los matices del Miño para abanderar las almenas de sus murallas. Hay madres que descubren nuevas tonalidades escondidas en las bibliotecas. Hay madres que apartan las nubes negras para navegar por el mar tintado de luz. Hay madres que mezclan a la perfección su elegante Pantone “Burdeos” con el azul de Madrid al cielo. Hay madres que imprimen sueños con la tinta de los pentagramas de Bruce Springsteen. Hay madres con un encarnado corazón extremeño y un azulado norte Atlántico. Hay madres que escriben el presente en morado para que se lea el futuro perfecto. Hay madres que tiñen sus escenas cotidianas con guiones de Almodóvar. Hay madres que mecen sobre el azulado y tranquilo oleaje de su mirada. Hay madres…

Todas estos consejos de la maternidad emanan de los latidos de las madres que nos parieron. Las que tiznan de sabores los mandiles ante los fogones. Las que rellenan el tintero con el revoloteo multicolor de las bolboretas. Las que apuntan en carmesí la lista de la compra. Las que combinan la escala de grises de la realidad con la policromía de su imaginación. Las que doran la masa madre con ideas al horno. Las que inmortalizan con la cálida mirada de su objetivo. Las que sueñan en Technicolor y pijama. Y que acaban renovando, día a día, con sus pinceladas el lienzo maternal

Y así un hijo cualquiera recuerda que no solo el primer domingo de mayo es el día de la madre.