lunes, 30 de marzo de 2026

Lo solemne de los duelos

Un hombre cualquiera encuentra una desubicada necrológica en la sección de descubrimientos.

Al borde del altar dos flores desenfundan su vistosidad y petulancia, desde sus espigados tallos como una marca natural del mapa del tesoro. A un lado una flor de lis blanca radiante se erige desafiante, ante un anaranjado tulipán voluptuoso en guardia. ¡CLÓN! ¡CLÓN! ¡CLÓN! La reverberación de las tres campanas de la torre hacen moverse levemente a los ornamentos florales. Un duelo de sobremesa, al tiempo que el silencio del equipo de arqueólogos resuena desde el interior de la tumba del altar mayor de la iglesia de Sint Petrus en Pauluskerk en el barrio de Wolder de Maastricht

Por fin, el arqueólogo Wim Dijkman encuentra los huesos que tan ansiosamente había buscado durante prácticamente tres décadas. Se coloca las lentes para cerciorarse de lo que estaba viendo. Primero alcanza a ver el deterioro del cuello, lo que explica la mortífera bala de mosquetón. Cómo consecuencia del descubrimiento, un respingo le hace perder el equilibrio y su mano izquierda tiene la suerte de encontrar una dorada moneda de cara con la efigie de Luis XIV. La emoción brota de su lagrimal para surcar su satisfecho rostro. Entonces, se ergue. La mano derecha se eleva hasta el corazón y se cuadra, cual mosquetero, ante los restos de Charles de Batz de Castelmore. Después de más de tres siglos, tras el asedio a Maastricht, D'Artagnan ha sido encontrado. Y tres repiques de campana dan mayor solemnidad al momento; sobre el cielo tres estelas se entrecruzan en el azul del firmamento, quién sabe si el último servicio de Athos, Porthos y Aramis.

Y así un hombre cualquiera declama “uno para todos y todos para uno” al cerrar el periódico.

martes, 17 de marzo de 2026

Lo humanizado de las cervezas

Un hombre cualquiera se despierta sonámbulo y sólo recupera la conciencia al tomar la fría lata de cerveza de madrugada entre sus manos, en pijama y frente al calendario.

A la hora que la Torre de Babel se deslengua y el entendimiento se universaliza. A la hora que el bigote adquiere un esponjoso color blanquecino. A la hora que los duendes reverdecen por barras, tascas y tugurios. A la hora que San Patricio santifica a creyentes y paganos. Allí, al final de los túneles noctámbulos, el reloj alcanza el 17 de marzo y los brindis repican a quintos, tercios, dobles y pintas. Las sonrisas brillan a giste, los besos saben a malta y las miradas son del color del cristal de la cerveza con el que se mira. Se celebra con cada trago que apacigua incertidumbres, desvelos y realidades.

'Home', Ana Arias

Al otro lado de la barra del Kebab, un turco con túnica verde sirve unas Guiness a unos americanos de turismo por el Húmedo, que charlan sobre las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz, tras las últimas noticias de un diario británico que aparecen en su smartphones de fabricación china. Todo conectado. Una escena que desdibuja tonos de piel, invisibiliza patriotismos y olvida diferencias de género. Sólo personas compartiendo vida, sólo vidas personificando compartición, sólo compartir vivencias personales. El sentido de la birra se ingiere al mezclar acentos, disipar nacionalidades y humanizar conciencias.

Y así un hombre cualquiera vuelve a la cama con el sabor fermentado del lúpulo que adormece sin desvelos.

lunes, 2 de marzo de 2026

Capitulo XIX: Lo inconfundible de las extraordinarias

Un hombre cualquiera se encuentra con humanas extraordinarias y mujeres inconfundibles entre los toboganes de Comillas y las vueltas al mundo.

Aprovechar verdaderamente la vida, sólo se consigue al discurrir por manantiales, nadar por afluentes y conocer los secretos de los ríos. Esta afirmación emana de la biografía de la reportera acuática. ¡Grabadora en play y estilográfica sobre el cuaderno! Aprovechando que el Aliste pasa por Fonfría, inmortaliza recuerdos de murales sobre el horizonte, moderniza los finales clásicos para los cuentacuentos infantiles y resuelve los mapas del tesoro entre recuerdos escondidos en lo atestado del desván. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, unos invisibles cascos resuenan ininterrumpidamente en su mente. Un ecléctico hilo musical con aire vintage de un vinilo, de unos cassettes ochenteros con rebobinador de bic cristal o de una lista de reproducción con artistas relacionados de Spotify. Aprovechando que el Spree pasa por Berlín, colorea los semáforos de verde esperanza, narra la cotidianidad con soniquete radiofónico y detiene el fascismo con sus progresistas ideas labradas en el hormigón de Eisenman. Aprovechando que el Manzanares pasa por Madrid, acampa al calor de las tribus del barrio, se embarca en afables viajes sobre el mar de China Town y brinda por las vivencias compartidas con su equipo sobre el césped.

Y siempre fluye sin dejarse llevar por la corriente. Su capacidad para improvisar se nutre de su experiencia en las tablas. Y de la madera de quién le acompaña para convertir las virutas en confetti, las lentejuelas en huellas y la maternidad en pluralidad. No hay nadie mejor que Lea la vida con instinto periodístico, mentalidad igualitaria y ayuda solidaria. Y, desde su atalaya, el horizonte se dora al atardecer para dibujar el skyline sobre las copas de los madroños y los banderines de la calle del oso.

Y así un hombre cualquiera entiende que el trazado del cauce se inscribe por la buena letra que rubrica la reportera acuática.

¿Recuerda más extraordinarias inconfundibles?

Capítulo I: Fílmica norteña

Capítulo II: Mecenas del Quijote

Capítulo III: Forzuda equilibrista 

Capítulo IV: Alumbrante de historias 

Capítulo V: Soñadora en pijama

Capítulo VI: Aventurera de las siestas

Capítulo VII: Irónica politóloga

Capítulo VIII: Conversadora berciana

Capítulo IX: Sonriente comunicóloga

Capítulo X: Teniente con rizzo

Capítulo XI: mademoiselle del vestido burdeos.

Capítulo XII: Embajadora de la city

Capítulo XIII: Narradora de vivencias

Capítulo XIV: Guerrera de los Ancares

Capitulo XV: Venerable camarada 

Capítulo XVI: Intérprete del Cueto

Capitulo XVII: Fotógrafa de canciones 

Capitulo XVII: Ebanista de Celedón