Un
hombre cualquiera descubre una serie de emprendedores negocios hijos de la
necesidad y de la intrépida oportunidad de sus inventores.
Las
crisis económicas dividen al mundo en dos tipos personas: los doloridos
sufridores y los avispados aprovechados. Estos últimos exprimen su inteligencia
y pericia hasta encontrar un negocio o un servicio innovador para potenciales
clientes que estén dispuestos pagar por ello. Un nicho de mercado se encuentra
en aquellas actividades más detestadas y denostadas. ¡Y eureka ahí está el
negocio! Una empresa de servicios para transmitir las malas noticias.
Los
departamentos de Recursos Humanos subcontratarían la comunicación de los
despidos. El futuro inscrito en el INEM recibiría cómodamente en su casa, antes
de salir a trabajar, una fúnebre corona de flores. El mensaje de despedida
sería contundente: "Hasta siempre, tus compañeros no te olvidan". La
entrega se realizaría por un uniformado mensajero vestido de riguroso negro con
chaqué y chistera. La tarjeta de la corona indicaría el total del
finiquito a recibir y un 'gracias por los servicios prestados'. Obviamente, los
servicios se personalizarían según la petición del cliente: rupturas amorosas,
divorcios, la visita de la suegra, una nueva derrama de la comunidad o las
facturas del gas y la luz. Al fin y al cabo, sobran las ideas y falta el
dinero.
Y así
un hombre cualquiera busca la dirección de la Oficina de Patentes por si suena
la flauta o si se enciende la bombilla...
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