sábado, 18 de julio de 2026

Lo versado de los homenajes

Un hombre cualquiera se encuentra con una visita guiada por el barrio Gótico.


La ciudad se ilumina mediterránea, poderosa y radiante por el sol. Sus rayos perfilan las puntiagudas torres de la catedral. Unas cálidas caricias reflejan los cristales del puente del obispo. Y la muralla se almena con las luces del mediodía. La luminosidad asombra las explicaciones del guía turístico que recupera la atención del grupo, mientras bombardea, desde su altavoz, con la narración de las explosivas decisiones que se han precipitado sobre la histórica Barcelona en el discurrir de los siglos. La guerra dels Segadors, la guerra de Sucesión, las represiones de Espartero y Prim y la maldita Guerra Civil. Asedios y bombardeos inhumanos e innecesarios. Una bélica enumeración de barbaries que llenó de lágrimas la mirada de Merjem al rememorar el conflicto de los Balcanes. Una guerra que le robó la infancia y la familia, más allá del mare nostrum, en Mostar. Y, como consecuencia, le cargó con un trauma crónico y una tendencia a la ligirofobia, que le acompaña hasta nuestros días.


Un ruido le alteró sus latidos y le tembló sus nervios; buscó refugio en los brazos de su compañera de viaje. ¡Otra vez! Pensó. Cerró los ojos y respiró pausadamente para recuperar el control sobre sí misma. Unos instantes, mientras los turistas le rodean y se ancla a su lugar seguro. El ejercicio personal es fructífero. La recobrada calma, le despertó una fuerza desconocida que le hizo alzar la vista al cielo y enfrentarse al vuelo del helicóptero. Allí, desafiante, quieto y elevado permanecía sobre sus cabezas. Merjem volvió a Mostar, pero sus pies le aferraron a Barcelona. Sin previo aviso, la nave activó su descarga y, al mismo tiempo, las lágrimas de la turista se precipitaron sobre las mejillas. Entre sus pensamientos y el pájaro de metal, un centenar de proyectiles comenzaron a planear ligeros, libres y livianos. Tras el desconcierto inicial, Merjem mudó su tristeza a una alegría creciente, cuando su mano atrapó una de aquellas aves de papel y leyó los versos: “Mirar de nuevo hacia las nubes, no para buscar la sombra del miedo, sino para atrapar un verso que cae, recordándonos que la paz es un poema que escribimos cada día.” Una inusitada tranquilidad interior le reconfortó consigo misma y con la niña que creció entre el miedo y la sinrazón de la guerra. Las aspas retomaron el vuelo y el helicóptero se perdió entre los tejados. Al resonar el silencio urbano, el guía les explicó que habían vivido una intervención artística de memoria histórica. Además, la gran mayoría de los integrantes de la excursión habían sufrido las consecuencias de un conflicto a lo largo de sus vidas. Y aquella acción era una reparación para el alma y un paso para superar sus miedos.


Y así un hombre cualquiera se guarda un poema en el bolsillo de la camisa entre sus latidos y el recuerdo.


Texto inspirado en la acción del colectivo Casagrande desarrollado en Barcelona el 20 de junio de 2026.

No hay comentarios:

Publicar un comentario