Un hombre cualquiera alcanza la mitad del año entre banderines, serpentinas y confetti.
Al despertarse unos rayos furtivos se desparraman sobre el edredón. El reflejo carmesí colorea la habitación entre el suelo y el cielo. Entre medias la soñadora en pijama olvida el despertador sobre la mecedora de las manecillas. No hay prisa… un día entre semana teñido de festivo. El buzón lleno de postales para felicitar. El carrete de estreno por revelar de recuerdos. Unos deseos de merengue en el horno. Un presente envuelto con lazo y papel. Y un álbum esperando por brotar de instantáneas
Y entonces se despertó y el edredón se convirtió en alfombra y el carmesí sonrió de felicidad. El segundero le levantó con su impulso y la soñadora en pijama descubrió que seguía sin prisa. Deshojó las solapas de los sobres para encontrarse con quienes le tienen entre sus sístoles y sus diástoles. Las instantáneas esperan entre las mariposas del estómago de la cámara. Las cúpulas horneadas construyen un palacio para Hansel y Gretel sin bruja, ni cuentos. El futuro se desenvuelve para estrenar. Y el álbum florece al calor del flash.
Y así un hombre cualquiera festeja los sueños que se visten en pijama.