martes, 28 de enero de 2025

Lo iniciático de Finisterre

 Un hombre cualquiera encuentra un álbum de fotos que le rejuvenece entre sonrisas y anécdotas.

Allí las velas iluminan los caminos. Los caminos dibujan las flechas. Las flechas amarillean las estrellas. Las estrellas dirigen los destinos. Los destinos marcan los calendarios. Allí los calendarios encienden las velas. ¡Y la bandera de meta se convierte en pistoletazo de salida! Pero, ¿A dónde ir? A veces, ni los mapas, ni las brújulas saben guiar en la vida, pero siempre hay una mano amiga que te aprieta y ayuda en mitad de la nada. No hacen falta lazos genealógicos, ni contratos sellados, sólo se necesita una llamada terapéutica, un mensaje sincero o un abrazo acolchado. Y entonces, Finisterre no es el fin del mundo, sino un nuevo horizonte por alcanzar. 

Y la compostelana es un pasaporte sobre los lugares que atesoraron la inconsciente felicidad de la juventud. Pupitres con espíritu de escaños. Plazas con petrificados recuerdos. Enlaces con amor de verdad. Refugios con cartas enxebres de menú. Reencuentros con peregrinos del mundo. Locales con mágicos brebajes de pecoras. Y desconocidos convertidos en amigos más de veinte años después.

Y así un hombre cualquiera rescata el álbum para continuar con nuevas anécdotas y nuevas sonrisas. 


domingo, 5 de enero de 2025

Lo habitado de los reyes

Un hombre cualquiera se despierta con la ilusión renovada y el rostro imberbe.

Afuera la niebla y el frío condensan de una acuosa ensoñación la ventana. Una reminiscencia consciente de otro tiempo y lugar o, quizá, es la repetición distinta, pero similar de las historias vividas. ¡Tic tac! El ritmo del reloj del pasillo se propaga por la casa. Un cuidadoso despertador que promueve la conciencia de la vida y del calendario. De repente, un pensamiento se apodera de la razón y los párpados abandonan el letargo con diurnidad y lealtad a la ilusión. Al mismo tiempo unos pasos en calcetines se acercan a la habitación: “Papá, ¡han venido los reyes”.

La calma se alboroza y el silencio se alarma. Las camas se vacían y la ilusión invade recovecos y estancias. Al levantar la persiana el árbol custodia los tesoros envueltos y enlazados. La claridad alumbra la desaparición de los víveres de agradecimiento para majestades y camellos. La familia se arremolina en la alfombra para abrir regalos y compartir la sorpresa que se activa al rasgar el papel y deshacer los lazos. Por un momento, el padre se fija en el espejo del mueble. Allí inmortaliza la estampa de la mañana de Reyes. Él se reconoce, a pesar del tiempo, en el niño feliz que le devuelve la mirada. También descubre en los ojos marrones y la melena castaña a la niña que juega junto a su hijo. Sin duda es un momento, quizá décimas de segundo, pero la mañana de Reyes nos rejuvenece e ilusiona, porque la mañana de Reyes está habitada por los niños que fuimos.

Y así un hombre cualquiera se despereza con su devuelta condición paternal y la áspera sombra de barba renaciendo en su cara.

viernes, 3 de enero de 2025

Lo desproporcional de los propósitos

Un hombre cualquiera intenta deshacerse de los despropósitos contra los que se debe construir la vida.

La miope perspectiva del terraplanista. La torpe conversación del cuñado. La rabia envidiosa del egoísta. La contaminada opinión del negacionista. La embarrada ignorancia del influenciable. El ansioso nerviosismo del alarmista. La oscuridad sórdida del negativo. La incapacidad manifiesta del inútil. El cautivo miedoso ante la libertad. El inmerecido progreso del trepa. La triste insensibilidad del deshumanizado.

La crónica ceguera ante el visionario. La sinrazón del lunático. El fundido a negro del farero. Las segundas partes sin argumento. La irreflexión ante los puntos suspensivos. El cárnico deseo del vegetariano y el reverdecer incongruente del carnívoro. El imposible orden del anarquista. El artificial comportamiento del falso. El agónico érase una vez y el interminable final con secuelas.

Y así un hombre cualquiera se propone desprenderse de los despropósitos que se propagan desproporcionadamente.