martes, 28 de enero de 2025

Lo iniciático de Finisterre

 Un hombre cualquiera encuentra un álbum de fotos que le rejuvenece entre sonrisas y anécdotas.

Allí las velas iluminan los caminos. Los caminos dibujan las flechas. Las flechas amarillean las estrellas. Las estrellas dirigen los destinos. Los destinos marcan los calendarios. Allí los calendarios encienden las velas. ¡Y la bandera de meta se convierte en pistoletazo de salida! Pero, ¿A dónde ir? A veces, ni los mapas, ni las brújulas saben guiar en la vida, pero siempre hay una mano amiga que te aprieta y ayuda en mitad de la nada. No hacen falta lazos genealógicos, ni contratos sellados, sólo se necesita una llamada terapéutica, un mensaje sincero o un abrazo acolchado. Y entonces, Finisterre no es el fin del mundo, sino un nuevo horizonte por alcanzar. 

Y la compostelana es un pasaporte sobre los lugares que atesoraron la inconsciente felicidad de la juventud. Pupitres con espíritu de escaños. Plazas con petrificados recuerdos. Enlaces con amor de verdad. Refugios con cartas enxebres de menú. Reencuentros con peregrinos del mundo. Locales con mágicos brebajes de pecoras. Y desconocidos convertidos en amigos más de veinte años después.

Y así un hombre cualquiera rescata el álbum para continuar con nuevas anécdotas y nuevas sonrisas. 


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