viernes, 25 de abril de 2025

Lo inmóvil de lo retratado

Un hombre cualquiera encuentra una fotografía por casualidad en medio del aburrimiento de navegar sobre el smartphone en el sofá.

La incesante inmediatez del mundo, a veces, te deja una pausa inesperada, un respiro tranquilo y un instante mientras los turistas se van. Quizás el tranvía acaba de partir o la casual orfandad de los pasos deja desierta la acera. Ahí construida sobre huellas invisibles, esa parcela de acera brota en una floristería. Unos llamativos cubos rojos. Un aroma a verde recién cortado. Y un toldo azul del Atlántico omnipresente. Los colores primarios se mezclan y agregan en el arcoiris del delantal que uniforma a Paulo con pacíficos galones.

Arriba. Un amarillento letrero grita en silencio: ‘Municiones abril’. Abajo. Un pelotón de rosas, claveles y margaritas apuntan sin piedad a las quince letras indefensas. ¡Alto! Los sinuosos pétalos estallaban en amarillos, blancos, corales y encarnados; colores amarrados a unos tallos disparados desde unos encañonados jarrones negros. ¡Fuego! Lo inmóvil de lo retratado se imprime en la memoria para no olvidar el 25 de abril.

Y así un hombre cualquiera carga la imagen para disparar al olvido.

lunes, 14 de abril de 2025

Lo rubio del brezo

Un hombre cualquiera recibe el nostálgico mensaje primaveral, dictado por el franqueo pagado y huérfano de puño y letra.

El sol de abril alumbra los paisajes de Los Ancares sin negras tormentas ni nubes oscuras agitando los aires. Cimas desgastadas y frescor primaveral. La matinal paz no desoye las terrenales raíces. Las que los uniformes adoquinaron con lápidas invisibles y que, llegan hasta hoy, desentrañando la pena de un largo y frío invierno. Deshielos invernales y floración en verticilos. Aún así, la vida esférica y fresca se posa sobre hojas y pétalos por el rocío de la mañana. Y, poco a poco, diluye el blanco y negro del pasado con el destilado morado de las banderas. Una invasión silenciosa que adorna y pinta las pendientes y cuestas con el republicano brezo rubio. Sus tonalidades visten laderas y reescriben los vacíos de lo asombrado de la Historia.

En mitad de la pradera, Violeta con su falda amarilla y su camisa blanca recolecta flores y brotes. Los envuelve con la misma y desgastada tela cada año. La misma que abandera a los caídos y que se iza con los valores que algunos intentaron enterrar. Pero, contra viento y marea, aquellas semillas germinan con el rumor de las proclamas de Riego y con la engolada entonación de Azaña, cuando la brisa de sus palabras hace blandir el calendario cada 14 de abril. Y sin saber dónde descansan sus familiares, la falda de Violeta ondea hacia las cumbres, flotando entre el brezo rubio, para acariciar las almas que hacen florecer al valle. Un valle regado por las lágrimas de los que les añoran y que les reviven en la memoria, como si nunca hubiera existido la sinrazón.

Y así un hombre cualquiera transmite el mensaje para corresponder a los que aún siguen esperando a la izquierda de las cunetas.

domingo, 13 de abril de 2025

Lo alcanzado del júbilo

Un hombre cualquiera encuentra entre nieblas y verdor primaveral un lugar encantado por meigas y liberado de urkos.

Las bombillas iluminan con la veraniega nocturnidad de las luciérnagas, los banderines están izados con la laureada victoria de las guerreras y el confetti planea ingrávido ante los alegres bailes inconscientes del marcial paso del minutero. Las fotografías cincelan recuerdos, los ritmos rescatan momentos y los abrazos acolchan distancias. En mitad del jolgorio las velas culminan la tarta de camino a sus deseos.

El cuatro y el cero arden en deseos ante amigos y familiares. Cada invitado observa a la homenajeada con la memoria rebuscando en aquel instante que sus vidas se encontraron, aquel primer café que compartieron o aquella foto que inmortaliza su amistad. Al soplar la anaranjada llama, el júbilo sonrió en los labios, vociferó en las gargantas, acarició en los abrazos, emocionó en los lacrimales y evocó en el aroma hasta alcanzar lo imperceptible de la felicidad.

Y así un hombre cualquiera adquiere un conjuro de estraperlo para convertir en eterna a la embajadora de la city.