domingo, 13 de abril de 2025

Lo alcanzado del júbilo

Un hombre cualquiera encuentra entre nieblas y verdor primaveral un lugar encantado por meigas y liberado de urkos.

Las bombillas iluminan con la veraniega nocturnidad de las luciérnagas, los banderines están izados con la laureada victoria de las guerreras y el confetti planea ingrávido ante los alegres bailes inconscientes del marcial paso del minutero. Las fotografías cincelan recuerdos, los ritmos rescatan momentos y los abrazos acolchan distancias. En mitad del jolgorio las velas culminan la tarta de camino a sus deseos.

El cuatro y el cero arden en deseos ante amigos y familiares. Cada invitado observa a la homenajeada con la memoria rebuscando en aquel instante que sus vidas se encontraron, aquel primer café que compartieron o aquella foto que inmortaliza su amistad. Al soplar la anaranjada llama, el júbilo sonrió en los labios, vociferó en las gargantas, acarició en los abrazos, emocionó en los lacrimales y evocó en el aroma hasta alcanzar lo imperceptible de la felicidad.

Y así un hombre cualquiera adquiere un conjuro de estraperlo para convertir en eterna a la embajadora de la city.

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