Un hombre cualquiera fotografia postales de verano para abrigarse ante la llegada del invierno.
Era un pueblo con mar, ni siquiera había habido concierto, y nadie reinaba tras la muralla. Los rayos del mediodía iluminaban las postrimerías del verano, la brisa recorría las calles con un salado sabor marino y los adoquines huérfanos de turistas esperaban las primeras lluvias para reflejar la cotidianidad de la vida. Y en medio de todo está ella. Ella no es turista, ni propia ni extraña, simplemente es siempre ella. Ella era de allí, cuando la infancia le recibía con la colorida vistosidad de las plumas reales. Ella es de allá, cuando la madurez le convierte en embajadora de los amigos que trae de ultramar para enseñarles sus raíces. Ella será de donde quiera, cuando los años atesoren más recuerdos, anécdotas y tiempo.
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| "Postal", un hombre cualquiera |
En esta instantánea, las calles se cruzan para encontrar nuevos caminos y las placas evocan otros lugares en la memoria. Aquí Sol no resuena con campanadas, pero se dispone en un extenso racimo que callejea sin emplazarse nunca. Aquí Atocha no resuena con trenes, pero se convierte en “cruceiro” de caminos cuando se habita de meninas. Aquí las Armas no se abrigan de palacios y almudenas, pero se abrazan con consistorios y carmenes. Aquí España no rasca los cielos con arquitecturas vertiginosas, pero llena su “Ucha” con fachadas y chapiteles modernistas que decoran y colorean el callejero. Aquí Callao no sirve café americano y muffins de importación, pero te despierta con café de Amador y churros de Bonilla. Aquí ella es de allí y allí ella es de aquí, la contradicción del exiliado que siempre está a camino entre sus raíces y sus esquejes.
Y así un hombre cualquiera inmortaliza los momentos que fueron presente para almacenar la felicidad que será reminiscencia.

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