Un hombre cualquiera se despierta con una extraña dolencia visual que le degrada la realidad a una escala de grises.
El calendario fecha negro sobre blanco el pasado. El luto de las águilas sobrevuela un colorido mapa, que renace primaveral en pleno noviembre. Los errores del dictado se señalan en rojo superviviente. Y el tiempo califica con el peso de los libros de Historia que narran lo superficial y que destapan lo que espera aún bajo tierra.
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| Tiempo, Susana Paredes |
El calendario perfila entre claros y oscuros el presente. La claridad del cielo aterriza entre lo sombrío de las cruces. La clarividencia de las cuentas a corazón abierto. Una pala clavada sobre un terruño olvidado simula una sombría sepultura, que se perdió entre tiros de gracia y desgracias ametralladas…
El calendario chequea el horizonte hacia el futuro. Un cheque nominativo para resarcir el honor de las víctimas. Un cheque para reparar los vacíos, los olvidos y las ausencias. Un cheque para desfondar las cuentas que financiaron el horror, la guerra y la muerte.
Y así un hombre cualquiera recupera el colorido pantone para dotar de presente a una realidad, cimentada en el pasado y con un futuro en continua construcción.

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