Un hombre cualquiera recibe un chamuscado aroma al poner un pie en la comarca.
Al borde de un termómetro febril entre el incesante oleaje de calor, la vida sobrevive a las temperaturas a la espera de la aliviada brisa del norte. Pero el plan del resto de habitantes no era compartido por Lorenzo. Un hastiado personaje que agotaba su década de los cincuenta entre oscuros trapicheos, trastornos internos y trabajos de cuestionable moralidad. La derrota en varias batallas le encendía las entrañas y su rabia le ardía entre la mirada. Así con su escaso discernir nublado y su hambre de venganza a flor de piel se echó al monte. Allá se lanzó con la conciencia perturbada en su testa y un ansioso mechero en su bolsillo. La furtiva represalia y la inconsciente cavilación maridan en un caótico resultado. ¡Y el chispeante chasquido chiscó!
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| "Noche de San Lorenzo", un hombre cualquiera |
El hipnótico fuego en una encina le embelesó en el reflejo del retrovisor de su Ford Escort, antes de huir hacia otro bosque donde continuar con su particular escarnio. A pesar de tener ventanillas abiertas, el termómetro del coche alcanzaba los 30 grados y se visibilizaba en sus perladas sienes; resultado del ardiente ambiente y los culpables nervios. El improvisado guión incluyó unas lejanas luces azules que incrementaron las pulsaciones y el inesperado sonido del teléfono le revolvió sus adentros. Un preventivo mareo le pidió un impasse. Al entrar en el primer pueblo, aminoró la velocidad hasta frenar vehículo, cuerpo e ideas. El horizonte aún iluminado fue enviudando el cielo y con la ayuda de unos altos cirros y estratos, una tímida tormenta fue aterrizando sobre la luna del coche. Lorenzo amarrado a su volante se asomó buscando una señal a sus deseos en una fugaz perseida. La oscuridad dilató sus pupilas perdiéndose en una gruta sin salida.
Y así un hombre cualquiera se encomienda a la UME para salvar los paisajes, el patrimonio natural y el futuro de El Bierzo.

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