jueves, 7 de agosto de 2025

Lo amigable de las celebraciones

Un hombre cualquiera se despierta al ritmo de “Les enfants de la patrie”.

La habitación ondea entre reflejos azulados, una pureza blanquecina y pinceladas encarnadas. El sol atraviesa la afrancesada bandera izada en el balcón entre madroños, Retiros y Manzanares. Mar adentro de las cortinas, la somnolencia del despertar comienza con una desubicación temporal, pero, poco a poco, la conciencia va tomando tierra. La primera muestra de realidad se asoma desde un imantado portarretratos amarillo con una inmortalizada instantánea. Más allá, un pequeño jarrón con peonías, que embriagan de aroma con un primaveral recuerdo en pleno agosto. El mismo mes que aparece en el calendario del escritorio con notas y colores para recordar los planes por vivir antes de conquistar el álbum de recuerdos.

Algunos dibujos de sus artistas favoritas salpican la mesa, convirtiendo aquel rincón en un pequeño Louvre. Y un furtivo rayo de sol da en la clave del pentagrama para recordar las percutidas teclas de un piano que resonaban en el viejo hogar de Bordeaux. Quizás una prematura señal de la artista que estaba por llegar a la familia. Una familia que celebraría con la pasión de una victoria baloncestística la bondad de la noche antes de la llegada de Santa Claus. Y los regalos se van agolpando en las estanterías. Unos acolchados cojines de las familiares antípodas, un nacimiento labrado con el barro del Perú, unos plateados cubiertos que rememoran las meriendas en casa de la abuela y hasta una cigüeña con un mapa en sus alas para encontrar los lugares donde encontrar la felicidad. Una sutil brisa consigue vencer el pestillo de la puerta. Las vistas se colorean con globos y guirnaldas, "la vie en rose” comienza tras el rotundo descorchar del champagne y un dulce perfume a canalé que se corona por los encerados deseos por soplar.

Y así un hombre cualquiera se despereza para unirse a lo amigable de las celebraciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario