Un hombre cualquiera busca unos banderines en el desván para decorar el hogar de celebración.
Una brisa libre y fresca acariciaba el trajín de la calle. Las blusas ondeaban en los tendederos de las corralas, las cortinas bailaban por las ventanas entreabiertas y las hojas de los árboles acariciaban el aire de aquella mañana de martes. La pequeña Violeta amaneció feliz y nerviosa por el día que tenía por delante. De hecho, había remarcado en rojo con una cera su día en el calendario durante la tarde anterior. Un dominical día entre semana con espíritu festivo, incluso histórico a pesar de la ignorancia de la pequeña. No todos los días se cumplen cinco años. Entoces se acercó al alféizar de su ventana y observó el patio. A escondidas descubrió cómo su padre se afanaba en colocar los banderines para la celebración. Los mismos que su madre había reinventado de unos retales viejos y unos sacos olvidados en la carbonera. La brisa los movía; tridimensionales, triangulares y tricolores. Y las sombras proyectaban un divertido juego entre chinesco y platónico.
Al otro lado del muro la celebración parecía haberse propagado. Resonaban jubilosos ¡Vivas! Y los aplausos parecían contagiar lo festivo del hogar. La pequeña Violeta sentía una ilusión desbordante, su nacimiento se celebraba por propios y extraños. Una felicidad contagiosa que brillaba en las miradas y salpicaba los verbos de sonrisas y de besos. La curiosidad le asomó al balcón de la fachada. Desde allí, la frescura le despeinó el flequillo, que se acompasó con los librepensadores peinados de las sin sombrero. Los ondeantes morados, amarillos y bermellones le coloreaban el horizonte. Los cánticos de unos muchachos corrían afinados por el empedrado y sólo alcanzó a escuchar de soslayo un ‘¡Libertad, libertad, libertad!’. Anonadada con el improvisado desfile callejero no alcanzó a escuchar la llegada de sus progenitores, que le abrazaron de sorpresa para felicitarle. Al preguntarles por lo que ocurría… sólo le sonrieron para decirle que la primavera había llegado para teñir el futuro de violeta.
Y así un hombre cualquiera canturrea himnos populares, iza banderines republicanos y festeja abriles históricos.
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