Un hijo cualquiera recuerda que su primera palabra fue, indudablemente, mamá.
Cada madre esboza y dibuja la maternidad sobre la inmensidad de un lienzo de retazos, parches y ampliaciones. Hay madres capaces de leer el ilegible futuro sobre el horizonte entre el mar y el cielo. Hay madres que compran nuevas pinturas para planear una vida por imaginar. Hay madres que repintan sus patrias de acogedor futuro. Hay madres que reflejan lo dorado de la balanza para enseñar el valor de la justicia. Hay madres que consiguen arrebatar los matices del Miño para abanderar las almenas de sus murallas. Hay madres que descubren nuevas tonalidades escondidas en las bibliotecas. Hay madres que apartan las nubes negras para navegar por el mar tintado de luz. Hay madres que mezclan a la perfección su elegante Pantone “Burdeos” con el azul de Madrid al cielo. Hay madres que imprimen sueños con la tinta de los pentagramas de Bruce Springsteen. Hay madres con un encarnado corazón extremeño y un azulado norte Atlántico. Hay madres que escriben el presente en morado para que se lea el futuro perfecto. Hay madres que tiñen sus escenas cotidianas con guiones de Almodóvar. Hay madres que mecen sobre el azulado y tranquilo oleaje de su mirada. Hay madres…
Todas estos consejos de la maternidad emanan de los latidos de las madres que nos parieron. Las que tiznan de sabores los mandiles ante los fogones. Las que rellenan el tintero con el revoloteo multicolor de las bolboretas. Las que apuntan en carmesí la lista de la compra. Las que combinan la escala de grises de la realidad con la policromía de su imaginación. Las que doran la masa madre con ideas al horno. Las que inmortalizan con la cálida mirada de su objetivo. Las que sueñan en Technicolor y pijama. Y que acaban renovando, día a día, con sus pinceladas el lienzo maternal
Y así un hijo cualquiera recuerda que no solo el primer domingo de mayo es el día de la madre.
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