Un hombre cualquiera recibe una postal amarillenta y nostálgica del concienciado rebelde
La luz ilumina aunque las sombras dominan lo que antes no alcanzaban a oscurecer ni en plena madrugada. Los escalones ascienden aunque los pasos se inmovilicen ante lo allanado por las huellas que precedieron al camino. Los recuerdos se fraguan a los pilares ante el estúpido intento del borrado con aroma a recién pintado. Una inmortalizada estampa de la subida al Olimpo. Una escalonada meta de las bitácoras al cuaderno. Una nostálgica brújula de la razón al norte. ¡Y no sólo es una escalera! ¡Y no sólo fue una etapa! ¡Y no sólo será una morriña!.
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| Potente, 'Juancho' |
El joven que habitó entre aquellos encalados muros dibujó el entramado de una Palestina libre. Su corazón palpitaba en el teñido rojo de las estrellas que se izan entre El Bierzo y el fin del mundo. Sus ideas fluyen en diagonal azul sobre blanco. Un grito le recuerda: Denantes mortos que escravos! Una alucinada alocución que alcanza a repetir y que le devuelve a otra realidad. Este hombre de visita entre polvorientas obras, descubre que las colchas intentan agazapar el paso del tiempo. Los peldaños se mantienen firmes para transitar a tiempos inefables. Y los cristales reflejan los rostros curtidos de tantas experiencias y mucha vida por disfrutar. Los relojes avanzan, las modas mudan, sólo los recuerdos perviven en las mentes que los hacen eternos.
Y así un hombre cualquiera evoca el pasado desde la nostalgia del presente.

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