sábado, 26 de julio de 2025

Lo escalado de la nostalgia

Un hombre cualquiera recibe una postal amarillenta y nostálgica del concienciado rebelde 

La luz ilumina aunque las sombras dominan lo que antes no alcanzaban a oscurecer ni en plena madrugada. Los escalones ascienden aunque los pasos se inmovilicen ante lo allanado por las huellas que precedieron al camino. Los recuerdos se fraguan a los pilares ante el estúpido intento del borrado con aroma a recién pintado. Una inmortalizada estampa de la subida al Olimpo. Una escalonada meta de las bitácoras al cuaderno. Una nostálgica brújula de la razón al norte. ¡Y no sólo es una escalera! ¡Y no sólo fue una etapa! ¡Y no sólo será una morriña!.

Potente, 'Juancho'

El joven que habitó entre aquellos encalados muros dibujó el entramado de una Palestina libre. Su corazón palpitaba en el teñido rojo de las estrellas que se izan entre El Bierzo y el fin del mundo. Sus ideas fluyen en diagonal azul sobre blanco. Un grito le recuerda: Denantes mortos que escravos! Una alucinada alocución que alcanza a repetir y que le devuelve a otra realidad. Este hombre de visita entre polvorientas obras, descubre que las colchas intentan agazapar el paso del tiempo. Los peldaños se mantienen firmes para transitar a tiempos inefables. Y los cristales reflejan los rostros curtidos de tantas experiencias y mucha vida por disfrutar. Los relojes avanzan, las modas mudan, sólo los recuerdos perviven en las mentes que los hacen eternos.

Y así un hombre cualquiera evoca el pasado desde la nostalgia del presente.

viernes, 18 de julio de 2025

Lo victorioso de la derrota

Un hombre cualquiera descuelga el amoratado calendario con las historias escritas en rojo ayer. 

El mercurio de los termómetros se había atrincherado en una fiebre crónica. El pacífico ayer se asombraba por un oscuro mañana. Negras tormentas agitan los aires. Eso sí, de puertas hacia dentro en el presente, la única batalla que interesaba, era la batalla que esperaba alumbrar una Victoria rubia y de ojos verdes, como la verde albahaca. ¡Gritos! Llegaba de nalgas. Gasas, sábanas blancas, más agua caliente e higiénicas palanganas de porcelana acudían solícitas por aquel pasillo alto, encalado y larguísimo. ¡Silencio! Y el padre que no llega. ¡Más gritos! Y la criatura que se hace de rogar. ¡Dolor! Y la madre… preocupada, porque una madre se preocupa antes de llegar a tener a su hija entre sus brazos.

En el salón, el abuelo llama al ayuntamiento para alertar a su yerno de la cercana Victoria y, sin saberlo, para que le alerten como suegro de la lejana derrota. Se le hace un nudo en la garganta. Aún no habían rapado a la señá Cibeles y aún el morado se izaba contra el sol de cara. ¡Dolor! Y la madre sin saber nada. ¡Más gritos! Y la criatura que se desespera. ¡Silencio! Y el padre… ausente, porque un padre se ausenta después de partir sin tener a su hija entre sus brazos. Allí, en el despacho, el concejal de alma presente y aquí, el padre, en su alcoba, de cuerpo retratado. Él estaba atento desde aquella foto en la mesita de noche. Elegante de corbata lisa, con bigote prominente, alegría proclamada y hasta peinado hollywoodiense. ¿Quién le robó el mes de abril? El último empujón cerró la puerta de su despacho por última vez y el primer pestañeo despertó a la niña de sus ojos por vez primera.

Y así un hombre cualquiera se entristece con el aterrador eco de algunas fechas del calendario.

lunes, 14 de julio de 2025

Lo abanderado de los abrazos

Un hombre cualquiera observa curioso el escaparate de la Estafeta abanderado entre el verde pamplonés y la tricolor francesa con el bordado rezando San Fermín y 14 de julliet.

El calendario se viste de un festivo rojo dominical con la alegría huérfana de despertadores, la anecdótica sobremesa con aroma a paella y el atardecer con el esperado horizonte de una semana por vivir. Además, Amelie y Edith apuran el bocadillo antes de habitarse de blanco con pañuelo encarnado al cuello. Y con la promesa de mamá de dibujarse la tricolor sobre su rostro antes de encaminarse a la última noche de San Fermín. A punto de salir, Fermín aparece con unas copas con un refrescante champín para brindar por la patria chica, por la libertad, la igualdad y la fraternidad.

El reloj del ayuntamiento empieza la cuenta atrás para el ‘pobre de mí”, mientras la familia de Fermín y Margot toman posiciones con el alma de los sans culotes para la batalla. La última jornada de fuegos de artificio comienza a iluminar la ciudadela con las artificiosas estrellas fugaces para ilusionar a grandes y pequeños. El estruendo de la traca final se acompasa con los agitados corazones, nerviosos y ansiosos por entonar el final de la fiesta entre abrazos de propios y extraños.

Y así un hombre cualquiera entiende que los abrazos son el mástil donde se blande el verdadero sentido de la vida.


¿Y qué ocurrió otros 14 de julio?


domingo, 6 de julio de 2025

Lo redactado de las mandrágoras

Un hombre cualquiera admira a las vividas amistades que sobreviven al tiempo.

Las manecillas del tiempo atesoran los recuerdos, encalan las sienes y enraízan las mandrágoras. Lo místico de las logias y lo humano de los encuentros abarcan los bocetos de la nueva publicación. Entre ordenadores, faxes y plantillas, la redacción recrea un juego de niños. Allí, sus rizos azabaches se esculpen con el calculado Pantone que administra el tintero. Gota a gota, su estilográfica gestiona valores añadidos o añade valor a las gestas escritas. Y sin despeinarse más de lo habitual, entre cifras y letras, ha cuantificado y cualificado su cuaderno de bitácoras para alcanzar nuevos horizontes. De hecho, su mirada hace reverdecer las anécdotas entre los poemas de León Felipe y las novelas de Carmen Martín Gaite. Su pensamiento crítico ha negado los altivos cielos sobre los madroños. Su habilidad conversadora ha sobrevolado el rítmico giste del Blues. Y su inestimable compañía se siente incluso allende los mares de Castilla.

Allí, sus atornillados rizos son resorte e impulso para inspirar las hojas en blanco. A salvo de las deseosas llamas que iluminan en pleno julio y lejos de una redacción, donde ayer se enseñaba a escribir. Allí sus infinitos rizos recuerdan a los cables de teléfono a los que llamar en caso de urgente necesidad o de calmado entretenimiento.

Y así un hombre cualquiera afirma que el tiempo aviva la supervivencia de las amistades.